Columnas, tribunas y comentarios de Javier Callado, que se irán incorporando poco a poco, combinando los actuales con los ya publicadas tiempo atrás.
sábado, 4 de agosto de 2007
Digestión Preestatutaria
Así pues nos encontramos ante un texto preliminar, que se ha convenido como base de trabajo por los dos partidos mayoritarios. En consecuencia emitir valoraciones como si se tratase del redactado definitivo es precipitado y probablemente desaconsejable.
La reforma estatutaria se pretendía llevar sin prisas, según expresaba Herrera, por lo que podía prolongarse su redacción previa hasta 2007. Por el contrario, a posteriori el cierre del texto pactado ha tenido lugar a empujones, lo que ha producido el desconcierto de todo aquél que, ajeno a tanta volubilidad, esperaba poder elaborar y exponer propuestas. Ello, sumado al secretismo en que se han desarrollado las deliberaciones hasta los últimos instantes, ha contribuido a la plasmación de un texto ajeno a la opinión y al debate públicos.
Las conversaciones se han desarrollado entre un PSOE en el que los militantes de la FSL han tenido mucho que decir y un PP en el que el aparato provincial leonés ha permanecido ausente. Los socialistas leoneses han visto cercenadas muchas de sus propuestas sobre León. Además, las pocas que quedan corren el peligro de ser mutiladas en su discusión en las cortes vallisoletanas. Ni siquiera el texto del preámbulo, que proponían un padre de la cosa autonómica y una historiadora leonesa, ha conservado su integridad. Hasta la historia ha sido víctima de la merca política.
Cabe destacar que el preámbulo cita una serie de obviedades sobre León, pero es que incluso éstas quedaban solapadas en las ambiciones castellanistas. Asumamos que hasta lo evidente ha de ser defendido si es de aquí. Respecto a los exiguos avances en el reconocimiento de la singularidad leonesa, más valdría preparar su defensa ante las sesiones parlamentarias que se aproximan. Los correligionarios castellanos pueden pasar como una apisonadora sobre cualquier alusión específica.
En definitiva, el debate del estatuto sigue abierto porque así permanece su tramitación. Para León cualquier mención será un avance porque nada tiene en la actualidad. Sin embargo eso no puede justificar que nos conformemos con cualquier cosa. León es diferente, lo refleje o no el estatuto, y esa cuestión debería quedar de manifiesto en el debate parlamentario, sea cual sea el resultado. Como corolario, ahora que se reivindica la memoria histórica convendría repasar los orígenes de este desencuentro mal llamado “comunidad”. ¿O se tratará de una memoria selectiva?
viernes, 3 de agosto de 2007
Cultura, Márketing y Mercado
La oferta de este establecimiento comprende dos partes diferentes; cuestión que puede haber contribuido a no valorar lo necesario la vivienda por una insuficiente discriminación entre ambas facetas. Esto explicaría la reducida afluencia de visitantes a ciertas horas. En cualquier caso la acción mercadotécnica, a mi juicio mejorable, se podría replantear, ya que el conjunto de la instalación y el personal, en lo que un servidor ha apreciado, son excelentes.
La casa de Sierra-Pambley es, en primer lugar, uno de los mejores ejemplos de lo que eran los hogares de la clase adinerada culta a mediados del Siglo XIX. Ninguna ciudad del entorno cuenta con algo que se aproxime en calidad. Además, se puede afirmar que existen muy pocos palacetes en España en que se pueda apreciar algo parecido a lo que muestra esta morada.
Tal coyuntura se la debemos a que la vivienda fue dotada de todo lo necesario para la vida de un matrimonio burgués, pero el enlace entre los pretendidos contrayentes no llegó a celebrarse. En consecuencia, en un acto de romántico despecho, la casa fue cerrada intacta y sin uso por el rechazado novio. Tan peculiar circunstancia permitió que el grado de conservación de cuanto en ella se encuentra resulte insólito. Muebles, útiles, moquetas, papeles pintados, etc pueden apreciarse en todo su esplendor. La casa conforma así un conjunto valiosísimo y hermoso, con independencia de quién fuese su dueño.
Es este aspecto, quizás menos intelectual que otros, lo que debiera dar el relieve público que merece a la instalación. Lo que debería ser destacado son los valores de la casa, al margen de Sierra-Pambley y de la Institución Libre de Enseñanza. Es más, sin su actual contenido tendría mucho menos valor, aun cuando hubiese pertenecido a tan conspicuos personajes.
La segunda parte de la oferta del museo es una notable exposición sobre las actividades de la Institución Libre de Enseñanza y el papel del Señor Sierra-Pambley en el krausismo. Sin embargo esta cuestión, que resulta muy atractiva para muchas personas, es minoritaria al estar dirigida a un público culto. Por lo tanto habría que evitar, desde un punto de vista comercial, que la impresionante vivienda quede velada tras un posicionamiento excesivamente intelectual.
En definitiva, quien se acerque a la casa museo de Sierra-Pambley se llevará una agradable sorpresa ante una exposición valiosa, cuidada y bien atendida. Y la sorpresa será fruto de que, con la imagen de que se le ha impregnado, el público potencial probablemente no haya percibido la importancia de la residencia por su valor intrínseco. Valga, por tanto, esta columna como reconocimiento y como sugerencia bienintencionada para que uno de los recursos relevantes de la ciudad de León reciba el aprecio y el aprovechamiento que corresponde a su entidad.
León y los Monumentos
Otro aspecto que aparece descuidado es la publicitación de cómo se puede acceder a los distintos lugares monumentales. Por poner un ejemplo, la Diputación ha abierto durante el verano unos 15 edificios monumentales, normalmente cerrados o de visita restringida, en los que ha situado un guía. Es probable que, si se pregunta a un grupo significativo de la población, la mayor parte no lo conozca.
En definitiva, la puesta en valor de los monumentos se está realizando por adición de una serie de acciones inconexas. No parece existir un programa integrado de recuperación y puesta en escena de estas obras dirigido a rentabilizar socialmente el esfuerzo invertido en ellas.
La datación y estudio de nuestros monumentos está frecuentemente realizada con rigor y profundidad. Sin embargo, el producto de esa labor documental requiere de un tratamiento posterior antes de ser transmitida al público. Se necesita la labor de los divulgadores, personas con capacidad para dirimir qué es lo relevante para el neófito. De lo contrario nos encontraremos con folletos y explicaciones que conforman un pastiche indigerible para el turista.
Tras las labores del especialista y del divulgador está la de crear una publicación atractiva. Este trabajo es crucial, ya que el impacto visual del folleto va a condicionar en buena medida su éxito o fracaso como transmisor de información. El apoyo gráfico, muy deficiente en buena parte de las publicaciones, ha de ser completado por ojos expertos, ya que una mala foto resta valor a un folleto. Otro tanto se puede decir de la impresión.
La formación por divulgadores de quienes han de ejercer de guías es una tarea esencial que se suele dejar en manos del propio guía. Esto puede suponer tirar por la borda todo el trabajo acumulado hasta entonces, porque el guía puede ser un transmisor, pero nunca un elaborador de la visita, al menos sin ayuda externa. Aspectos como la acogida al visitante, realización de una síntesis del contexto en que se generó el monumento, una sinopsis de qué es lo más importante de lo que se va a ver y el tratamiento de las preguntas no pueden ser dejados a la improvisación.
Un último aspecto es que cada punto pueda dar información global sobre lo que se puede ver en los otros puntos donde se haye un guía. El funcionamiento de cada punto como un islote contribuye al desconcierto del visitante.
En definitiva, León necesita de mucha más profesionalidad en el tratamiento publicitario de sus monumentos. Sería conveniente que alguien se ocupase específicamente de esta cuestión tras años de improvisación.
jueves, 2 de agosto de 2007
León y las Juntas Vecinales
Los concejos leoneses son órganos de autogobierno de los habitantes de cada entidad de población. Se configuran como la reunión de los vecinos de la aldea para tomar decisiones que les afectan, administrar bienes colectivos y acometer trabajos en común. Los concejos tienen bienes propios, como la iglesia del pueblo, el cementerio, tierras de cultivo, montes, locales, molinos y muchos otros. Asimismo han desarrollado un cuerpo normativo, lo que implica obligaciones y derechos.
Hay que tener en cuenta que los concejos son los mayores propietarios de suelo y de montes de la provincia leonesa. También son los principales prestadores de servicios a nivel local en no pocos pueblos. Por esta razón las juntas vecinales, trasunto oficial de los concejos cisastures, son una pieza esencial de la administración local de León.
Para tomar conciencia del calado de esta singularidad cultural, administrativa y económica podemos recurrir al examen de las listas de “entidades de ámbito territorial inferior al municipio” que en las últimas elecciones proporcionó la oficina del censo electoral del INE. Observaremos que de las 3388 que hay en España la provincia de León cuenta con 1229, el 36% del total. Esto supone que prácticamente cada entidad de población leonesa sin sede municipal cuenta con una junta vecinal.
Su importancia cultural es aún mayor si se considera que el fenómeno se extiende por las zonas colindantes en las provincias limítrofes. Así en Asturias hay otras 39 entidades. En Cantabria hay 525, aunque su estructura es similar a la del concejo cisastur sólo en zonas cercanas a León, compartiendo características de las 654 de Burgos el resto. En Palencia existen 228, de las que se puede afirmar lo mismo.
Por su parte, en Valladolid este fenómeno es irrelevante. En Zamora hay 14 pese a responder en gran medida al modelo de poblamiento leonés, ya que muchos ayuntamientos se constituyeron sobre concejos. En cambio, en Valdeorras (Orense) la Xunta los subsumió bajo la figura de la parroquia, institución gallega diferente del concejo.En conclusión, el concejo cisastur es una peculiaridad, conservada en León, que merece el reconocimiento adecuado por su trascendencia cultural, operativa, estratégica, económica y política. En consecuencia, las juntas vecinales que los representan debieran recibir la atención destacada de la Diputación, del futuro Instituto Reino de León, y de la Junta de Castilla y León, como sujetos activos de la sociedad cisastur.
León y el Futuro Aéreo
En algunas estimaciones previas, partiendo de tráficos de 1994, se decía que, en situación de igualdad de recursos con otros aeropuertos intermedios -circunstancia que aún no se ha alcanzado-, el aeródromo civil de La Virgen del Camino podría llegar a los 160.000 pasajeros. Con la evolución que muestra en la actualidad se confirma que dicha tesis no era descabellada. Si se gestiona su desarrollo adecuadamente el aeropuerto puede rebasar los 200.000 pasajeros en 2008 ó 2009.
Una de las consecuencias que el crecimiento apareja es que las estrategias para su gestión a corto y medio plazo han de evolucionar. La mejora de las instalaciones es un objetivo que está relativamente resuelto: el alargamiento de la pista hasta tres mil metros está en marcha; el largamente deseado soterramiento de los depósitos de combustible también; la extensión del aparcamiento ya está previsto. Sólo la ampliación de la terminal debería ser considerada -aunque las instalaciones actuales sean suficientes- porque si nada tuerce la trayectoria del aeropuerto resultarán reducida.
En cuanto a la promoción del aeropuerto parece lógico mantener la línea seguida en el segmento de los vuelos nacionales, política que tanto éxito ha obtenido en sus objetivos. Tras el asentamiento de Lagun Air y de Air Nostrum, el desarrollo de una creciente interconexión con otros aeropuertos peninsulares es sólo cuestión de tiempo.
Sin embargo, los indicadores de actividad del aeropuerto de León y sus inmediatas mejoras dan pie a pensar en la captación de nuevas actividades que supongan un nuevo empujón. Las estrategias para captar una línea de vuelos internacionales de bajo coste debería ser, a partir ahora, una nueva e importante línea de trabajo para el Consorcio del Aeropuerto de León. Es en este caso cuando la actual terminal se muestra insuficiente.
En tal sentido hay que recordar que Easy Jet y Ryan Air vuelan desde Avilés, Valladolid y Santander. Por esta razón la búsqueda de acuerdos con otras compañías aéreas de bajo coste tendría que ser una de las claves a partir de septiembre. En ese orden de cosas, el nacimiento de Flick Air, la línea de bajo coste de Iberia, y su búsqueda de bases de operación podría ser una oportunidad para nuestro aeródromo. Los compromisos ya adoptados con otras compañías por aeropuertos de nuestro entorno les suponen una limitación para poder fijar actividades de la nueva empresa.
Por último, es indudable que el alargamiento de la pista de aterrizaje hacia Trobajo del Camino va a suponer un incremento de los ruidos en el área metropolitana. No obstante, podemos intuir que en un futuro, si la actividad lo justifica, podría acometerse la costosa ampliación por el otro extremo para paliarlo, lo que implicaría, de rondón, que el Aeropuerto de León podría acoger algún vuelo transoceánico.
miércoles, 1 de agosto de 2007
Radioactividad y Patriotismo
Como se ha comentado estos días, el gobierno central busca un lugar donde depositar los residuos radiactivos los próximos años. Algunos políticos autonómicos han ofrecido los territorios a los que sirven sus administraciones como posibles ubicaciones para tan indeseable mercancía.
El argumento esgrimido por alguno de ellos hace alusión al patriotismo y la responsabilidad, como si cupiese pensar que se llevarán a su casa unas barras de uranio para dejar patente su parte alícuota de compromiso, acorde con tal sobreactuación. Como si no se hubiesen apercibido de que la administración central hará unas propuestas y que, entonces, llegará un tiempo de diálogo. Con sus ingenuas ofertas la posición negociadora autonómica se debilita, con lo que esa ingenua disposición es, finalmente, una torpeza.
En el caso de la Junta de Castilla y León hay que pensar, además, que no es una propuesta inocente. Podría plantearse que el cementerio nuclear se haga en la provincia que más energía eléctrica consume, puesto que si es una cuestión de patriotismo ... Pero que nadie se llame a engaño. Las instalaciones de material nuclear se ubicarán en lugares que dispongan de grandes plataformas de granito en su suelo.
Se da el caso de que la mayor concentración de granito se da en las tres provincias leonesas y en Ávila, que no son precisamente los territorios más desarrollados ni consumidores de energía. En otras palabras, el castellano Herrera ofrece la Región leonesa para ubicar un cementerio de residuos nucleares. Así se lee en León y así debería considerarlo el burgalés si no quiere seguir hiriendo dignidades.
Es probable que, si hay compensaciones, se negocien para “Castilla y León” es decir, para Valladolid. Lo mismo sucedió con Iberdrola, que aportó recursos a Boecillo como compensación por la producción eléctrica. De todos es sabido que Valladolid es una consumidora neta de energía eléctrica, por lo que cualquier compensación en su territorio es un atentado contra el sentido común.
En cualquier caso, si una candidatura probable está en Zamora y Salamanca, se debería pensar en que el cementerio nuclear habría de ser acompañado de otras instalaciones. Que la planta central para el procesado de materiales radiactivos en España, así como centros para el estudio de la técnica termonuclear y de sus alternativas estén en estas provincias tendría que ser una condición “sine qua non” para acoger tan indeseada infraestructura.
Además, que ambas provincias recibiesen cuantiosas inversiones públicas e incentivos extra para la inversión privada tendría que figurar en la lista de condiciones que los negociadores deberían preparar.
En conclusión, vuelve a suceder que la clave del debate es la palabra “territorialización”. Por eso la instalación del basurero se debería tratar en una negociación a tres bandas: Gobierno de España, Junta y autoridades de provinciales. Y es aquí donde aparece la debilidad de una de las partes: ¿quién será el interlocutor que defienda los intereses del León al sur del Duero?
Palat Incompleto
Recientemente se ha abierto una exposición en Palat del Rey, en León ciudad. En ella se intenta explicar al visitante diversos aspectos sobre este inmueble. La muestra reúne dos vertientes: por una parte, la recuperación del edificio y por la otra, el despliegue expositivo.
En el aspecto de la recuperación del templo se ha realizado una labor desigual. La presencia del inmueble es excelente en su interior. Se puede observar la planta original del edificio sobre el suelo, trazada sobre el embaldosado. La cúpula de la iglesia se muestra en todo su esplendor, con sus antiguas pinturas restauradas. Incluso aparecen destacados ciertos elementos secundarios de interés.
Por el contrario, la cubrición de los enterramientos bajo el solado, un conjunto esclarecedor a efectos educativos, es una decisión adoptada con criterios discutibles. Además, el aspecto exterior del edificio y su señalización son deficientes, y no acompañan el esfuerzo realizado en el interior. En consecuencia, la labor de recuperación del edificio ha resultado destacable pero incompleta.
Si el balance en la adecuación del edificio es favorable, no lo es la parte expositiva, notoria en medios, pero deficiente en otros aspectos. Quien visite Palat sin conocimiento previo tiene posibilidades de salir sin saber bien qué se pretendía mostrar.
La cartelería y los elementos reseñados aparecen desconectados en lo argumental. Lo fundamental no se destaca y aspectos secundarios aparecen en el mismo nivel de presencia que el núcleo de la exposición: la cúpula. Incluso la llamativa maqueta que ocupa inadecuadamente su espacio carece de una explicación suficiente. Resulta poco admisible que algunas personas que poco saben del edificio sean las encargadas de dar información o que se cobren en algún caso los dípticos disponibles, que poco contribuyen a explicar lo expuesto. En conclusión, sería lógico un replanteamiento para mostrar un bien que, más allá de su titularidad, es de todos.
Palat es uno de los edificios más importantes de León. Se encuadra en un estilo al que se denominó mozárabe. Dentro de ese ambiguo epígrafe hay, en realidad, varios tipos arquitectónicos. El prerrománico leonés es uno de ellos.
Se trata de construcciones levantadas en el Reino de León en el Siglo X. Sólo quedan en pie total o parcialmente unas diez. Palat es la más antigua y además consta de un componente que lo añade más valor. Dicha característica muestra un gran avance tecnológico en la cristiandad ibérica de su época: una cúpula o, mejor dicho, una falsa cúpula.
El conocimiento para cerrar una techumbre con piedra se recuperó en algún momento del Siglo IX. Así se muestra en la bóveda de Santa María del Naranco. La construcción en forma de media naranja no llegará hasta el Siglo X, casi un siglo después. Palat es el primer ejemplo de ese hito, pero nada de eso se cita en la exposición.
En conclusión, la exposición de Palat se pierde en cuestiones de segundo orden. Sería recomendable rehacerla con una jerarquización clara de cuanto va a poder apreciar el espectador.