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jueves, 12 de febrero de 2009

Regionalismo, PDI y Plan Hidrológico Nacional (II) (1994)

La intención del Estado en estas circunstancias sería no repercutir en el productor alejado del agua sus gastos. El coste se cubriría con los impuestos y, sobre todo, con un incremento del déficit público. Es decir, aunque los tomates se pueden producir en las dos zonas, uno de los productores paga vía impuestos el agua del otro, que resulta subvencionado de forma disimulada. Además se llega a poner en peligro el equilibrio financiero del Estado con el aumento de deuda pública por una cuestión regional. La política que acumula inversiones innecesarias en la economía conduce a que todo el sistema productivo soporte unos costes mayores que son asumidos por la vía de la presión fiscal. De esta manera la economía española se convierte en menos competitiva que la de sus vecinos por obra de la mala planificación estatal.
Se nos vende repetidamente desde los partidos nacionales los “vicios del regionalismo”, pero día a día se comprueba que la regionalidad del Ministro de Obras Públicas es importante por no hablar de la del Presidente del Gobierno. Se crean males estructurales para todo el país en función de tomas de decisión regionalizadas. Lo que en la cabeza de unos es un sueño para otros supone una pesadilla. Una carga sobre costillas que llevan decenios financiando de forma velada el bienestar de otras áreas del Estado. Bienestar creado a la sombra de mercados intervenidos donde sólo se liberaliza aquello que interesa a ciertas regiones. Queda una pregunta en el aire: ¿por qué entonces se propone esto? Podría responderse a esta cuestión con algunas otras: ¿por qué la EXPO 92 fue en Sevilla? ¿por qué la Olimpiada 92 fue en Barcelona? ¿por qué la política portuaria de España se basa en el superpuerto de Bilbao? ¿por qué los fondos no expuestos de El Prado no salen de Madrid? ¿por qué el AVE no llegará al Noroeste? ¿por qué ...
La opción de adoptar el actual PHN no está basada en necesidades de eficiencia sino en planteamientos cuya premisa es el desarrollo al coste que sea de Cataluña, Madrid, Valencia y Andalucía. Esta cruda realidad se intenta presentar como la necesidad de agua para beber cuando dicho consumo es sólo un 11,6% del total. Lo cierto es que el déficit de agua para usos no consuntivos (regadíos e industria) se conocía ya hace al menos 10 años en Valencia, pero el objetivo de crecimiento se estableció como irrenunciable. No hay nada que objetar a ello si el coste lo paga Valencia. De la misma forma que éste se considera un objetivo irrenunciable para Valencia lo es también por ejemplo para León. Si lo pagamos los demás se frenará nuestra posibilidad de desarrollo por una cuestión de estricto regionalismo.
Mientras tanto los gregarios de partidos nacionales nos dan mensajes de tranquilidad en las regiones con menos conciencia de pueblo, pero no por ello menos diferenciadas o con menos posibilidades de futuro. Nos quitan el agua, los recursos humanos, las inversiones en infraestructuras, nos cobran cara la energía y nos contingentan las producciones, pero si protestamos queremos romper España y Europa. ¡Cuánto fariseísmo! El PDI y por ende el PHN territorializan el desarrollo. Lo hacen con criterios que no son técnicos. Hay interés en acallar este debate porque cada vez más, asoma el humo de la explotación colonial de unas regiones por otras. Se argumenta sobre el peligro para la unidad de España cuando el debate en realidad trata de la igualdad de todos los españoles ante la ley. Premisa que según se demuestra día a día no se cumple. Causa, en fin, por la que sólo estamos luchando los regionalistas de las áreas menos concienciadas y, por ello, más desfavorecidas. En el Estado Español y en Europa nadie debe renunciar a la defensa de sus intereses de Pueblo. La única garantía de mantener el equilibrio es conocer y luchar por los propios intereses y ceder sólo tras negociar. El abandonismo, la concesión por sistema y la entrega a estrategias de otras regiones nos puede convertir en pobres; eternos emigrantes en pos de un futuro desarrollo de nuestra tierra que nos permita volver algún día. El agua tiene un valor y su transporte también por lo que es necesario establecer unas reglas del juego iguales para todos. Nuestro regionalismo en este aspecto como en otros nos hace más leoneses y por ello más españoles y más europeos. Nos permite pertenecer a un lugar y a un entorno para ocupar un hueco en la Historia. Nos hace finalmente mucho más humanos. Es necesario un nuevo Plan Hidrológico Nacional porque es necesario otro Plan Director de Infraestructuras. No debemos admitir que el Estado nos deje al margen del desarrollo para el cual el agua es un factor decisivo. Sólo obtienen lo que buscan aquéllos que luchan. Tenemos ejemplos bien cerca. Queda una pregunta más para la reflexión y la duda: ¿cuáles pueden ser los efectos sobre la naturaleza del desvío masivo de recursos hídricos?; ¿es necesario que lo experimentemos en carne propia? Este sería un debate tanto o más largo que el expuesto hasta ahora, pero sobre todo una incógnita más que añadir al Plan Director de Infraestructuras.

Regionalismo, PDI y Plan Hidrológico Nacional (I) (1994)

Con motivo del polémico trasvase Tajo-Segura mucho se está hablando de esos dos documentos que en realidad son el mismo, ya que el Plan Hidrológico Nacional se halla comprendido dentro del Plan Director de Infraestructuras. Es imprescindible el debate en esta cuestión porque sus efectos a largo plazo, siempre obviados, son precisamente los más importantes. Conviene explicar que el PDI (Plan Director de Infraestructuras, MOPT, 1992) es posiblemente la mayor aportación a la planificación geoestratágica global del Estado Español. Además tiene enorme importancia para la homóloga que se ha de desarrollar en Portugal. Este documento, que es un libro de casi 400 páginas a la venta en librerías, consta de dos partes. En una se hace el análisis técnico de la situación actual de desarrollo, comunicaciones, accesibilidad, potencialidad y otros importantes elementos de valoración de cada área española. En la otra se establecen las grandes líneas que marcarán el desarrollo y, sobre todo, la distribución de los recursos en el futuro. Ambas se entremezclan en la redacción del documento formando un todo inseparable a primera vista. Sin duda un esfuerzo de este calibre era necesario y el Señor Borrell, máximo responsable del MOPTMA, merece una felicitación. Hasta aquí todo parece de un rigor intachable, pero debemos entrar en profundidad sobre el origen del escrito. Cuando me he referido a la definición de las grandes líneas en que se proyecta el futuro socioeconómico de España no he dicho que su trazado sea de una objetividad, ecuanimidad, lógica o rigurosidad inocentes. Es más, de hecho no lo es. Lo cierto es que nunca se explican los porqués de esas proyecciones ya que sus motivos son estrictamente políticos. Podría proponerse un mapa del futuro en España absolutamente diferente al que se explica sin faltar un ápice a criterios de lógica macroeconómica o desarrollo sostenible. Entonces ¿qué propone este plan? ¿qué motiva estas propuestas? El PDI nos pinta un futuro sustentado sobre los grandes ejes industriales del Mediterráneo y del Ebro (página 53 del libro). En este mapa se observa un abrumador predominio del área oriental del estado en función del desarrollo que induciría el propio PDI.
Ello no mantiene la situación descrita en la página 26, donde se expone el mapa actual del sistema de ciudades. En él se percibe una tetrapolarización País Vasco-Andalucía-Levante-Noroeste con potenciales de crecimiento muy similares. De alguna forma se intenta colar la posibilidad de concentrar la actividad económica en la zona oriental de España sin que se den motivos aparentes. Quiero remarcar un obstáculo insalvable para muchas personas que gustarían de consultar y debatir sobre el PDI. A pesar de estar disponible en todas las librerías su precio es prohibitivo: 6000 pts. Me pregunto cuál ha sido la voluntad real del ministro para popularizar una discusión que nos afecta tan decisivamente a todos los españoles. Estoy seguro de que pocos pueden gastarse alegremente ese dinero en el PDI. Queda por tanto la sombra de una duda sobre la voluntad explicitada por los responsables del equipo del Sr Borrell para crear un auténtico debate en la calle
Acerquémonos a los últimos capítulos del libro: el Plan Hidrológico Nacional (incluido en la Sección quinta de un total de ocho, pág 289). Esta parte es importantísima ya que se hace una proyección de las demandas de agua hasta el año 2012. Dicha proyección se realiza partiendo del esquema anteriormente comentado. Es decir, primero se proyecta concentrar desarrollo y recursos en la zona oriental de España y luego se calcula la evolución de la demanda de agua en el conjunto del País. El resultado no puede ser más lógico: en las cuencas orientales faltará agua. Llegados a este punto lo normal hubiese sido replantear toda la estrategia de crecimiento expuesta anteriormente, es decir, hacer compatible el plan con los recursos disponibles. Sin embargo se hace lo contrario: supeditar la distribución del agua al plan de desarrollo elaborado. La cuestión no tendría mayor importancia desde un punto de vista de estado si careciese de coste. Sí la tiene y es aquí donde reside el gran problema oculto del PHN. Las obras necesarias para mantener el esquema de desarrollo propuesto son numerosas y con un coste cuantiosísimo de construcción. Si suponemos que un tomate obtenido con riegos de agua procedente de un cercano río tiene unos costes inferiores a los de otro tomate obtenido con agua venida de un lugar a 200 kms. Es necesario poner los medios para trasladar ese agua unos metros en un caso o bien muchos kilómetros en el otro. En palabras de Ramón Tamames “el PHN es un sueño de tubos”. ¿Cómo repercuten esos costes? ¿Quién paga?

domingo, 8 de febrero de 2009

El Contenido de la Identidad (1994)

Polémicas como la recientemente surgida a cuenta de la actitud de la Junta con las casas regionales de León sacan a la calle conceptos de contenido esencial para la sociedad misma. Hemos tenido oportunidad de ver repetidas palabras como “identidad”, ”hecho diferencial”, “región”, “cultura” y algunas más de este estilo que seguramente me olvido. Estos nombres son de uso tan frecuente que se da por supuesto que todo el mundo conoce su significado y coincide en su explicación. La realidad demuestra que si preguntamos a varias personas sobre ello comprobaremos que las reflexiones obtenidas son diferentes, ambiguas, nada elaboradas y desde luego balbuceantes por la sorpresa. Sorpresa por la propia pregunta, nada común, y por la apreciación de que la respuesta no es tan sencilla si no se realiza un análisis previo. El resultado de una discusión con estos términos es por tanto un guirigay indescifrable donde falla lo más elemental: el código, y en el que siempre aparece tal o cual político para pescar en río revuelto.
Estando hace poco con unos compañeros de trabajo en Barcelona, por cierto profundamente catalanistas, les pregunté en qué consiste el hecho diferencial catalán. Me respondieron de inmediato que la lengua. Yo añadí que entonces Cataluña no es más que un área lingüística, o sea , un hecho político sin otra sustantividad. Aún se encuentran en un mar de confusiones. Personal-mente dudo que Cataluña sea sólo un dominio lingüístico sin más interconexión. La lengua oficial desde la llegada de los romanos a nuestra zona no es más que el órgano de expresión de la ley escrita por el poder. Por tanto deja de ser un hecho netamente cultural para ser un imperativo político. Entonces ¿qué es la identidad? Durante los últimos meses he realizado unas jornadas de trabajo con algunas personas (unas treinta) en las que hemos buscado una definición amplia pero precisa de parte de esta terminología aplicada a la existencia de los pueblos. Las conclusiones son muy esclarecedoras. Existe para nosotros una la relación causa-efecto entre los conceptos siguientes: Cultura-Pueblo-Región-Identidad-Hecho Diferencial No es posible definir particularizando el último término sin saber qué es el primero. Además es necesario dar una definición general en cada idea para luego saber si es aplicable a León o a cualquier pretendida región en particular. Así una “cultura” define un grupo humano que es un “pueblo”. Ese “pueblo” habita o se identifica con una “región”. Los individuos del grupo, el “pueblo”, se reconocen entre sí por la “identidad” que les diferencia del resto de miembros de otros grupos. Cada uno de los factores simples de “identidad” son los “hechos diferenciales”. La manipulación de la historia, tan extendida en el proceso autonómico, es un vano y repetido intento de emular los condicionantes que producen una cultura. No deja de ser un vicio de instituciones inmaduras no saber reconocer el objetivo básico que tienen en las sociedades democráticas: la buena gestión de los dineros públicos sin menoscabar las libertades individuales y colectivas. A lo largo de la historia el poder político ha ido desidentificándose de la voluntad de los pueblos en la medida en que crecía su dominio. Sin embargo parece existir un desesperado intento de reinventar la organización social por parte de ese poder una vez desarraigado. Intento fallido ya que no puede recrear las condiciones que producen el nacimiento y desarrollo de un pueblo. Así ha intentado emparejar ciertas instituciones oficiales a la organización natural de los pueblos. En León encontramos la junta vecinal versus el concejo, la comarca versus el partido judicial o la provincia versus la región.
Sin embargo no quisiera separarme de lo que es el “leit motiv” de este escrito: el contenido de la identidad. Según las conclusiones del grupo de trabajo la “identidad” es “la capacidad de reconocimiento mutuo entre dos personas de un colectivo y la constancia de que hay diferencias con el resto”. Tomamos conciencia a través de los bailes, las comidas, los vestidos, la vivienda, las herramientas, las fiestas, etc. En todos los casos se trata de comportamientos que buscan la solución a un problema: la búsqueda de pareja, la alimentación, el abrigo, el cobijo,… Se hará con los medios materiales que el propio ambiente ofrece y con unos conocimientos que dependerán de la propia inventiva del grupo y de las informaciones que lleguen del exterior, es decir, del grado de aislamiento. Además llegan otros puntos de vista del exterior mostrando las diferencias respecto a otras regiones. El reconocimiento ha de venir de una coincidencia de puntos de vista, actitudes ante la vida y comportamientos, o sea de la cultura de un pueblo, por el contraste con el exterior de la región.
Entre tanto ya tenemos, por contraposición, un conjunto de factores que actúan durante siglos sobre un grupo humano para que este dé respuestas a los problemas y preguntas que día a día se le plantean formando su cultura. Existe la presión de un medio que es frío/caliente, húmedo/seco, montañoso/llano, fértil/estéril, etc. Para sobrevivir en él es necesario dar solución a los problemas. La cultura de un pueblo no es otra cosa que “el conjunto de respuestas que un colectivo humano con similares problemas ante sí da al medio ambiente”. Se puede ya afirmar que esta argumentación está profundamente enraizada en los puntos de vista de Julio Caro Baroja aun cuando nuestro grupo de trabajo no lo hizo deliberadamente. Esta concepción, y no conocemos otra mejor, dinamita el actual mapa político si lo que se ha pretendido con él es colmar las aspiraciones de las personas que aquí, en León, en el Norte, en España, viven. De hecho la actual división provincial, propuesta por Javier de Burgos al inicio de los años 30 del siglo pasado, se ha mostrado administrativamente más útil que todas las anteriores, pero frustrante si lo que se intentó fue reconocer áreas con nexos culturales. Supongo que sería muy del agrado de la mayoría de los lectores que este escrito se explayase sobre León y lo leonés, pero eso es materia para tocar en otra ocasión. Quizá así demos tiempo a que sea el sano debate y la libre opinión, por encima de pruritos personales, los que seguramente mejoren esta exposición con un barniz de aún mayor racionalidad. Exposición que ha intentado ser tan esclarecedora como el espacio, que amablemente cedido por el rotativo, permite. Por tanto dejemos para otra ocasión lo que podría sacarnos del camino de análisis que nos hemos trazado: la fuerza de los sentimientos y la resistencia a aceptar unas circunstancias que cambian, porque nada hay más dinámico que la historia.

sábado, 7 de febrero de 2009

Crémer y el Aeropuerto Civil de León (1994)

No es mi intención prorrogar indefinidamente el envío de escritos a la prensa sobre el aeropuerto. Sin embargo he advertido que el mismo día en que Diario de León ha tenido a bien incluir en sus páginas mi argumentación a favor de la creación de un aeropuerto civil en La Virgen del Camino aparecía todo un alegato en contra a cargo del ilustre escritor y periodista Victoriano Crémer. Como quiera que tan famosa personalidad lo es hasta el punto de crear opinión deseo polemizar, eso sí, en tono relajado, y rebatir uno a uno sus argumentos, pues no es bueno que los leoneses permanezcan con una visión sesgada o incompleta. Quede desde este momento expresada mi admiración por un hombre de tan notable trayectoria en el campo de las letras. Hoy es el momento oportuno para afrontar la construcción del aeropuerto civil y no otro. ¿Cuánto puede durar un aeropuerto militar con pistas de tierra y sin proyectos de inversión a la vista? Si se espera oportunidad mejor o peor muy probablemente habrá que levantar un aeródromo completo porque con los presupuestos de defensa en la mano hay que cerrar éste y unos cuantos más. Sólo es cuestión de tiempo. Si el Ministerio de Defensa puede compartir algunos gastos con otras instituciones y dispone de una buena pista de aterrizaje no es difícil que mantenga la instalación en uso. La economía leonesa está mejor que la de su entorno. A veces se nos olvida que nuestro entorno económico es sobre todo Asturias y luego Lugo, Orense, Zamora, Valladolid, Palencia y Cantabria. Lamento que Don Victoriano desconozca las perspectivas económicas de nuestro entorno pero en todos los casos son peores. La industria en León existe, basta con mirar los “rankings” que aparecen en este preciso momento en varias revistas económicas, y no factura menos que en provincias de similar calibre de otras zonas salvo las autonomías uniprovinciales.
El avión es un elemento imprescindible para la atracción de clientes y proveedores de la industria y empieza a ser un planteamiento de restricción para el establecimiento de una cabecera productiva. Mucho más si hablamos del asentamiento de directivos al lado de ésta. Las perspectivas económicas en el año 1991 del Pacto por León, hagamos memoria, eran peores para León que las actuales. La concentración de la inversión pública y del capital extranjero ya se estaba produciendo en otras áreas. Por ello se puede sostener con todos los datos en la mano que nunca hubo mejor oportunidad para acometer las obras del aeródromo con instituciones ajenas a León o en solitario con las instituciones locales. Para que nadie se pierda conviene explicar que hemos sido convidados de piedra peninsulares cara a las celebraciones del 92. Nuestra situación era de una desigualdad mucho más clara que la actual en la que se hace perentorio corregir los profundos desequilibrios interregionales acumulados. Hablamos de una inversión de 350 millones según lo aparecido en prensa, o sea algo residual. Y cuando lo califico de residual me refiero a que el Ayuntamiento de León tiene un presupuesto superior a los 10.000 millones de pts, la Diputación de más de 14.000 y la Junta de Castilla y León de más de 200.000. Renunciar a un compromiso de este calibre cuando se están repartiendo cientos de millones en subvenciones de dudosa utilidad pública parece un insulto al contribuyente. Por tanto espero que aquellos de cuya buena intención no se puede dudar coincidirán ahora conmigo en la solidez de las razones que nos asisten a ambos como leoneses para apoyar la construcción del aeropuerto. Por último desearía romper una lanza por lo mejor de la entraña leonesa. Entraña que ha permitido una enorme prolificidad de personajes notables como el señor Crémer y tantos otros en sectores como la empresa o las ciencias. Una de sus grandes virtudes ha sido hacer caso omiso del victimismo y la contumacia para tomar la iniciativa y marcar el ritmo de su propia historia.
En este caso entre las grandes palabras y el pragmatismo hay una pequeñísima distancia. El aeropuerto es decididamente el proyecto estratégico más importante en este momento. Así mismo convendrán en la posibilidad económica de realizarlo puesto que es imprescindible para la futura proyección económica de León con un coste relativamente bajo. La capacidad financiera no es obstáculo porque existe y ello no significará distraer recursos actualmente dedicados a necesidades perentorias (salvo que ir de excursión o hacer deporte y hasta verlo sea una iniciativa de las que marcan la diferencia) y dejar pasar oportunidades como esta no demostraría sino la escasa ambición del conformista . Reciba, señor Crémer, mi más cordial saludo. Polemizar con usted ha sido un honor.

viernes, 6 de febrero de 2009

Autonomía y Centralismo (II) (1994)

Sin embargo existe una segunda fuente de desarrollo que no supone la transferencia de recursos adicionales a las provincias administradas: la buena calidad de la gestión y la defensa de los intereses de los contribuyentes. Si alguien conoce respuestas positivas a estas preguntas puede responder a algunas apreciaciones pero en mi opinión la gestión de la Junta es desastrosa. ¿Por qué no se ha hecho un plan especial ante la PAC? ¿Por qué no protegió el sector lechero de León como se hizo en cada autonomía del Noroeste? ¿Por qué se homogeneiza el sector con los de otras provincias muy diferentes a medio plazo? ¿Cuándo van a dejar de ir los mineros a 250 kilómetros de distancia para negociar? ¿Cuándo traen la Dirección General de Minas a la provincia de León? ¿Se empezará algún día a exigir las restauraciones de los cielos abiertos? ¿Cuál es la decisión en la denominación “Lechazo de Castilla” o “Lechazo de Aranda”? ¿Así se premia la lucha del colectivo ganadero de la comarca de Aranda de Duero? ¿Por qué no se ha establecido una política agresiva para la mejorar el porcino ibérico de Salamanca? ¿Dónde están las medidas que aseguren la supervivencia del sector lechonero de Zamora? ¿Qué se ha hecho para afianzar el sector porcino de Segovia? ¿Cuál es la estrategia de la Junta ante la crisis de lúpulo (de la que ya se hablaba en el 91)? ¿Qué se hace por el sector frutícola de León? ¿Qué se hizo de especial para evitar el previsible fraude de la subvención del girasol? ¿Qué proyecto tiene la Junta para el sector cerealista? ¿Cuál es la política de reempleo en las zonas mineras del carbón? ¿Por qué los recursos que se extraen de la minería y que ahora devuelven parcialmente las eléctricas se invierten en Boecillo (Valladolid) y no en las cuencas?
En cuanto al sector industrial sería bueno conocer qué piensa hacer la Junta de Castilla y León aparte del Parque Tecnológico de Boecillo y el apoyo al Polígono de San Cristóbal y, por extensión, el de La Cistiérniga, Valladolid. Viendo las 14 empresas de participación pública autonómica que arrastran resultados sin beneficios desde el 89 no es mucha la confianza que irradian los gestores del Ente. Todo lo que han conseguido de nuevo es el contacto con empresas israelíes obtenido a través de la Oficina de Desarrollo Municipal del Ayuntamiento de León. No voy a entrar a repasar la actuación en el sector de servicios porque la política de sedes, de la que ya he hablado suficiente, permite una evaluación documentada. Para no hacer este escrito excesivamente largo me limitaré a describir dos cuestiones más . La primera se refiere a la falta de planes que se observa ante el práctico despoblamiento del flanco sureste de la Autonomía. Soria va rumbo a los 95.000 habitantes sin plan estratégico provincial y en la carencia más absoluta de recursos. La tan pregonada solidaridad con la que se quiere tapar la boca del leonesismo no está en ninguna parte. La segunda se refiere a la política de comunicaciones. La Junta mantiene el aeropuerto de Valladolid excluyendo de sus planes el de León. Al parecer dicen que no tiene sentido desarrollar el segundo. Sin embargo el aeropuerto de Villanubla perdió pasajeros el año pasado (regresa hacia los 120.000) y presenta un déficit considerable que está produciendo una reducción de empleos negociada en estos días con los sindicatos. ¿Por qué no se acepta el hecho de que Villanubla está muy cerca de Barajas y que no es competitivo? ¿Por qué no se asume que cuando la alta velocidad llegue a Valladolid la primera opción para los viajeros será el aeropuerto de Madrid? ¿Qué interés hay en cercenar el crecimiento de León? Respecto a las carreteras sólo cabe añadir una esperanza. Ojalá se asuma como simple maniobra política la conversión del corredor del Duero en autovía. Aparte de pasar por Soria, tierra de nacencia de Juan José Lucas, y por Valladolid, capital del Ente, no se vislumbra razón alguna que apoye su construcción. Ni los tráficos (medidos en IMD), ni el enorme impacto ambiental, ni el inmenso coste de tal iniciativa, ni la escasez de generación de sinergias para el desarrollo permiten plantearlo como alternativa plausible. Que en una Autonomía con las carencias de infraestructuras de ésta se pierda el tiempo en discursos de salón parece escalofriante por la irresponsabilidad que implica. Lo complejo de los problemas que se arrastran en cada una de las regiones de esta autonomía es más que suficiente motivo para reclamar la disgregación autonómica ya no por sentimientos o historia (que sin duda también son importantes) sino por puro sentido común. Tratemos de acercar de verdad la administración al ciudadano para territorializar la riqueza.
Además se debería evitar una triste plusmarca: que Valladolid, tras Madrid y Sevilla, sea la siguiente en el club de las provincias que cuentan una de cada tres personas ocupadas en la administración pública. Esquivar esa posibilidad nos alejará del subsidio y la ineficacia. Quien lucha contra esta situación de profunda injusticia debiera ser un ejemplo para cada español y de todo leonés comprometido con el futuro de su gente.

Autonomía y Centralismo (I) (1994)

El inicio del proceso autonómico a finales de los setenta estuvo basado en una filosofía que se nucleaba en torno a un principio: la descentralización de la administración pública. Este planteamiento partía del deseo de acercar la administración al ciudadano. Se pretendía un ejercicio de lo público que tuviese como fin aumentar la eficacia de la gestión. Sobre esas bases comenzó una etapa de trámites de aspecto legalista y democrático que derivaría en varias piruetas totalitarias, ilegítimas cuando no ilegales. Segovia y León quedaron integrados en “Castilla y León” en contra del mandato popular. La irregular aprobación del estatuto andaluz a pesar del “no” de Almería (era condición “sine qua non” la aprobación en todas las provincias andaluzas) y algunos hechos más que no viene al caso repasar ponen en tela de juicio el actual mapa autonómico desde sus raíces. El tiempo ha demostrado que este desenlace ha tenido consecuencias sobre el desarrollo general. Sin embargo quiero concentrar mi mirada sobre el caso de Valladolid por ser éste el que más de cerca nos toca a los leoneses. Es muy fácil cuando se habla de cuestiones que atañen directa o indirectamente al desarrollo de la región leonesa caer en victimismos mendicantes y facilones o pecar de indocumentado. Por ello evitaré referirme a cuestiones concretas de las que no tenga una información cuantificable o escrita en letras de imprenta. Dejo su enjuiciamiento al amable lector.
Partamos del hecho de que los pacientes de esta situación kafkiana que voy a describir somos los habitantes de ocho provincias. Sin embargo asumo que el interés se centra en la actual región de León, hoy reducida prácticamente a la provincia del mismo nombre.
He de dejar sentado que considero un clamoroso fracaso el modelo adoptado como optimizador de la cosa pública muy especialmente en las autonomías de gran extensión. Como dijo un famoso Nobel de economía “los grandes espacios económicos acumulan ventajas en sus áreas centrales y desventajas en las periféricas”. Los casos de Sevilla, Barcelona, Valencia o Toledo merecerían todo un examen en cuanto a la eficacia de redistribución en los recursos regionales y en las políticas de redistribución.
Los presupuestos de la Comunidad Autónoma de Castilla y León ascienden a 218.000 millones de pesetas aproximadamente para 1994. El número de personas ocupadas por la Junta de Castilla y León es de unas 20.000 lo que supone en dinero casi la tercera parte del presupuesto. De ellas 12.000 trabajan en Valladolid. El sueldo medio de un empleado de la administración pública según las estadísticas está en torno a las 3.100.000 pts brutas. Como en Valladolid se encuentran todos los altos cargos de la Autonomía la media debe ser un poco superior. Si multiplican estas cifras, siempre obtenidas salvando un muro de opacidad administrativa, descubrirán que la Junta deja en Valladolid unos 40.000 millones de pesetas sólo en sueldos. Estamos hablando de un 20% del presupuesto total sólo para empezar. Recordemos que en León, la provincia más poblada, extensa y con más actividad privada, sólo hay unos 2.000 empleados de la Junta. Sin embargo no termina ahí el agravio. Pueden deducir que esos señores ocupan oficinas que aún hoy son alquiladas por no tener sede propia como por ejemplo la Consejería de Fomento o la de Agricultura y Ganadería. Todos los suministros de material de oficina, muebles y servicios auxiliares como la limpieza y mantenimiento se contratan por abrumadora mayoría en Valladolid. Se da el caso de empresas que han optado por trasladar su domicilio mercantil, ya que viene muy bien tener conocidos dentro del “aparato” político para poder visitarlos con frecuencia. Así se mejora la obtención de contratos.
Aparte está la inversión para la construcción de las sedes de cada consejería (7 en total). Como ejemplo podemos poner una de las más recientes, la de Economía que con su coste de más de 2.000 millones de pesetas supera el de los servicios centrales de algunas provincias, por lo que se ve, menos afortunadas. Esto ha supuesto además la rehabilitación de gran parte del parque inmobiliario de Valladolid, que estaba cercano a la ruina, para su uso ya sea transitorio o definitivo. Como estas partidas no suelen imputarse en gastos de inversión a la afortunada Provincia le cae además por esa vía una lluvia de inversiones en carreteras de la periferia capitalina como las de las zonas de Boecillo y las cercanas al río Cega, al lado de El Pinarillo, que por añadidura disponen de firmes especiales. A estas alturas hemos rebasado con largueza el 25%, camino ya del 30% del presupuesto de la famosa Junta, que muy bien se cuida de no darlo jamás íntegro y provincializado simultáneamente para evitar “estallidos sociales”, que es como se le llama ahora a la justa indignación popular.

martes, 3 de febrero de 2009

Turismo, Peregrinos y Negocios (1994)

En meses pasados tuvo lugar la declaración del Camino de Santiago como primer Itinerario Cultural Europeo por parte de las autoridades comunitarias. Tal declaración supone el reconocimiento de dicha ruta como portadora de valores europeístas, como lugar que reúne a todos los europeos en busca de un destino común. Igualmente, supone un espaldarazo a la promoción turística que muchas instituciones han desarrollado a fin de crear en torno a este eje un área dinámica de turismo interior. Pocas veces se produce una coincidencia de criterios tan unánime y una oportunidad de negocio tan clara como ésta.
En dichas circunstancias se han producido manifestaciones de diferentes cargos de la Junta de Castilla y León acerca de la necesidad de afianzar el sector turístico en la Comunidad Autónoma, y para ello encargaron una campaña promocional con el lema “VEN” cuyo erróneo planteamiento nace de ciertas directrices emanadas del propio consejero de las que ya hablaremos en otro momento.
En parecidos términos se expresaban autoridades provinciales cuando se ha buscado alternativas de actividad económica para las áreas mineras y, por ende, para toda la Provincia. El resultado ha sido una serie de actuaciones más o menos deslabazadas en apoyo a este sector de negocio con mucho colorido y poca planificación.
Durante las anteriores elecciones municipales el hoy alcalde saliente de la ciudad de León incluía entre sus promesas electorales la construcción de un albergue para los peregrinos del Camino de Santiago que aún en la actualidad es inexistente no ya en la realidad, sino en la voluntad de llevarlo a cabo.
Además, todos los colectivos empresariales de León han coincidido en lo necesario de propiciar el desarrollo de un negocio turístico a imagen y semejanza del establecido en otras provincias a fin de crear nuevas alternativas al crecimiento económico de León.
En todas las manifestaciones que he descrito hasta ahora hay un hilo conductor: el turismo es un sector interesante para su desarrollo, León es un lugar del interior y, por lo tanto, sin playas, y el turismo cultural es, posiblemente, la oportunidad más clara para desarrollar un mercado turístico aquí apoyándose en todos aquellos elementos de atracción que ya existan. El más importante de todos ellos es el Camino de Santiago que, además, recibe el apoyo institucional desde todos los foros europeos.
Cualquier lector que haya llegado hasta aquí comprobará que en realidad el Camino de santiago no existe para nuestras instituciones. La argumentación aportada por el Sr Alcalde, sustentada por ciertos grupos de empresarios hosteleros, es la siguiente: si alguien quiere venir a León, que sea pagando; no queremos mendigos ni oportunistas. Pues bien, en León ciudad, en contra de todo lo explicitado, el Camino de Santiago no estaría mal si no escondiese una triste realidad: nos hemos quedado a merced de personas sin la preparación profesional mínima esperable en puestos de responsabilidad. ¿Por qué hago esta dura afirmación?.
En primer lugar porque tengo la secreta esperanza de que estos señores tengan la predisposición de aprender algo de lo mucho que los demás nos molestamos en estudiar en temas empresariales. En segundo, para demostrar lo importante que es la labor formativa desarrollada, fundamentalmente, por la Cámara de Comercio y, también, por otras instituciones en el campo de la empresa. En tercero y último, para reclamar la atención sobre lo necesario que sería crear una escuela de negocios en la Provincia para aumentar la vida media, la rentabilidad y el crecimiento de nuestras empresas y, en este caso, sobre todo de las hosteleras, frecuentemente mal atendidas y peor gerenciadas.
Cualquier empresa de servicios debe conocer a qué segmento o segmentos de consumidores dirige su acción. Este proceso de elección de clientes objetivo, que en un plan de “marketing” se llama “segmentación”, parte de un hecho sociológico: los mercados se comportan como la suma de segmentos cuyos integrantes, consumidores, responden básicamente a unos patrones en su comportamiento de compra.
Si no somos capaces de ajustar nuestra oferta a un determinado segmento, éste permanece indiferente a lo ofertado en productos o servicios; no es el cliente el que se adapta a la oferta que hace un negocio sino al contrario, la oferta ha de adaptarse al cliente o no habrá compra. Esto conecta directamente con el tema que nos ocupa. Si preguntamos a los miembros de la asociación sociocultural Iniciativa Social Leonesa, que atendieron a los peregrinos que llegaron a León ciudad, durante mes y medio en 1994, el perfil típico de peregrino, descubriremos que, efectivamente, predominaban dos tipologías: -Grupos de jóvenes desde 20 años de edad hasta 35 con un nivel formativo medio-alto (COU y Universidad) todavía estudiando o con su primer trabajo y en puestos promocionables. Vienen con una presupuestación restringida y, al no poder quedarse en León como peregrinos, continuaban viaje sin ver la ciudad. Su interés estaba en la experiencia humana y en el valor monumental de la ruta. -Personas de edades superiores a 40 años con nivel cultural medio-alto y alto (conocimientos de arte y documentación sobre las características de la ruta) trabajando en puestos fijos de la administración o en empresas privadas. Flexibles presupuestariamente, pero con una valoración muy negativa por la inexistencia de un albergue de peregrinos (que, quizá, no hubiesen utilizado) razón por la que suelen descartar León como estación intermedia de descanso (uno o dos días de estancia). La nula hospitalidad es tan negativamente valorada por el peregrino, profundamente implicado en el viaje y sus dificultades, que cabe esperar que ninguna de estas personas tendrá ganas de venir otra vez. Todo gracias a ese fantástico estudio para la fidelización de estos clientes que nunca ha encargado el Ayuntamiento o los empresarios de hostelería. La clave del Camino de Santiago nunca estará en la capacidad de consumo del peregrino, sino en su fidelización para que vuelva y en el “efecto altavoz”. En ambos casos se trata, insisto, de personas con nivel cultural alto y con posibilidad de volver en viajes posteriores. Su estrato económico y necesidades de consumo cultural se lo permiten. La travesía por León es corta, pero está cargada de referencias para futuros viajes de ellos y de las personas de su entorno. En términos de “marketing” estamos hablando de que el peregrino no es un consumidor, sino un influenciador. ¿Dónde queda León en estas consideraciones? Perder una oportunidad así es un pecado imperdonable: 7 Gobiernos autonómicos, 13 diputaciones provinciales y cientos de ayuntamientos vendiendo el mismo producto ¿Cuántos en total vendiendo el mismo producto? ¿Puede haber una acción más rentable cara al turismo? ¿Quién, con una experiencia mínima en el mundo de la empresa, no se da cuenta de una oportunidad tan clara de negocio? Hasta hoy al menos, un alcalde y un puñado de pequeños empresarios hosteleros en una provincia perdida del interior.
Nada mejor que los números para que cada uno juzgue: Iniciativa Social Leonesa atendió en sólo un mes y medio a 2.500 peregrinos. Sumen a todos aquellos que no consiguieron localizar las casetas en esas fechas (dicha asociación no recibió apoyo público) y a todos los peregrinos que llegaron en el primer mes y medio, en el que no estaba montada dicha iniciativa. Estamos hablando de unas 6.000 personas siendo conservadores. ¿Cuál es el coste de una acción eficaz de “relationship marketing” (“marketing relacional”) para unas 6.000 personas prescriptoras? ¿Conocen algún medio de conseguir que influenciadores o clientes vengan? Les aseguro que yo conozco uno: conseguir que el Camino pase por nuestra puerta.
Esperemos que la llegada de las elecciones lleve, como un soplo de aire fresco, el buen sentido y, sobre todo, la profesionalidad elemental a los cargos de más responsabilidad de nuestra Institución Municipal para que este verano, sin más demora, León tenga un digno albergue (dicha iniciativa es hoy privada, pobre en medios y altruísta) de peregrinos y puntos de información turística diferentes a ése, de triste recuerdo, que la Junta dice mantener en la Plaza de la Catedral. En definitiva, acciones de promoción tal y como manda la coherencia con esa voluntad tan pregonada y tan poco ejercitada por nuestros políticos: el desarrollo del sector turístico en León.