Hace unas semanas las cajas de ahorro rechazaron las presiones políticas para su fusión. Podría pensarse que los inductores de esa automutilación financiera habrían serenado sus ansias. No ha sido así y se percibe su retorno con la matraca.
Buscando causas para su desazón se ocurren varias: la primera es la ambición de poder. Así se comprende que quieran evitar perder control abortando posibles fusiones extra autonómicas -más aconsejables empresarialmente-.
Sin embargo otros motivos se hacen evidentes tras la lectura atenta del documento “Valladolid hacia 2016: Propuestas Estratégicas”, hecho público recientemente. Se trata del esbozo del nuevo plan estratégico de la ciudad, tamizado para permitir su divulgación. En él concurren voluntades de Ayuntamiento, Diputación y Junta.
Página 54: “el conjunto de actividades de intermediación financiera ofrece posibilidades de crecimiento muy grandes”. Página 60: “La industria del automóvil tiene una importancia trascendental para la economía de la ciudad. Una crisis importante del sector tendría consecuencias muy negativas”. Carlos Ghosn, presidente de Renault, afirmó que la permanencia de la fábricas depende del acceso a financiación local.
En consecuencia el motivo de los políticos implicados parece fijar una macrocaja en Valladolid. Esto permitiría relanzar la ciudad, supervisar la nueva entidad y disponer de acceso al crédito suficiente para evitar la deslocalización de Renault.