Uno de los problemas que más dificultades presenta en materia turística para los gestores públicos es aumentar los días de permanencia de los visitantes en un lugar. En el caso de León, la escasa duración de las estancias en
Sin embargo no es éste un problema al que sea fácil dar solución, pese a que las causas parecen bastante claras. Cuando uno acude como turista a un lugar, suele hacerlo tras elaborar un programa previamente. Por ello hay que deducir que la imagen de León que existe en el resto de España es la de un lugar que no merece más atención que la de una parada de uno o, a lo sumo, dos días.
Una de las causas es la pérdida de presencia pública de León hasta llegar casi a la irrelevancia, o la impresión que se llevaron anteriores viajeros que ya pasaron por aquí. También la contumaz política turística de
El primer problema comentado, la pérdida de relevancia de
La segunda cuestión, la impresión que los viajeros se hayan llevado tras la estancia aquí, es un aspecto en el que habría que trabajar en varias vertientes. Es inevitable que cualquier turista que pase por León o Ponferrada constate que son ciudades pequeñas, con una cantidad de atractivos demasiado limitada como para dedicar más tiempo a su visita. A pesar de eso es necesario poner todos los recursos en valor porque es la vía más fácil para aportar unas horas más de estancia. El Palacio de los Luna, el aljibe del castillo de Ponferrada con su coracha o Palat del Rey son ejemplos de lo que se debe recuperar con urgencia. Poner a disposición guías e informantes que “enganchen” al visitante es otro recurso que, en lugares de tanta enjundia, puede dar excelentes resultados.
No obstante la clave podría estar en la apertura de una nueva etapa que enfatice en la amplitud de las ofertas al visitante, ya que los cascos urbanos por sí no son suficiente para retener al viajero. Hay que realizar una oferta integral, incluyendo recursos en la cercanía de las ciudades. Por ejemplo, se podría explotar el prerrománico leonés -lo más singular que tenemos-, los conjuntos arquitectónicos populares, las bodegas, los miradores o la naturaleza ribereña. Posibilidades no faltan.