Ya hablamos sobre algunas claves para salir de la crisis, como salvar los obstáculos burocráticos para emprender o combatir la ineficacia de la enseñanza de idiomas. Hoy nos referiremos a un aspecto que debilita la innovación española: la desconexión entre el mercado laboral y la educación reglada.
Tomemos perspectiva sobre el papel de la educación en el engranaje social. Nuestros centros educativos deberían preparar a los jóvenes para ser buenos ciudadanos en vertientes como la laboral, social, ecológica, etc. La formación debería por tanto adaptarse a las cambiantes necesidades del país. Éste, como conjunto, abordaría así un rumbo de liderazgo.
Sin embargo observamos que el sistema educativo mantiene un alto grado de inmobilidad en sus métodos y contenidos. Las enseñanzas primaria, secundaria y el bachiller no ven corregidas las deficiencias que llenan la universidad y la formación profesional de auténticos iletrados. Esto a pesar de que el problema es conocido de largo. Por otra parte, las formaciones universitaria y profesional –aunque ésta en menor medida- no se encuentran en general conectadas con el campo empresarial. Sin embargo tampoco se ponen medidas resolutivas para paliarlo.
Actualmente internet ha extendido el acceso al conocimiento y además da pie a generarlo a numerosas personas. Como consecuencia algunos de los mejores especialistas ya no están en la universidad. Esto convierte muchas facultades en meras academias que difunden con variable fortuna lo que otros, con más ingenio, dedicación o ambos, elaboran y establecen.
La banalización del conocimiento pone al descubierto la debilidad de unos títulos académicos que ya no marcan diferencias por sí. Debe acometerse un cambio drástico, que puede ser el de los criterios de Bolonia, pero sin cosmética para ocultar a los que sigan atrincherados en la indolencia o la costumbre. De lo contrario el país se encamina a una crisis educativo-laboral. Se podría llegar a que el valor de las personas no se pueda medir por sus títulos, a pesar del enorme gasto que la universidad supone para el país. Entonces ¿para qué serviría la enseñanza pública?