La marcha minera arranca de nuevo. Los mineros vendrán a recordarnos cómo una trama de intereses empresariales de compañías eléctricas, gasísticas y carboneras sumada a un gobierno populista les tiene sin cobrar sus nóminas por un trabajo que ya realizaron. Sin duda su lucha es justa. Es la lucha de cualquier asalariado o de cualquier autónomo por cobrar al moroso.
Sin embargo hay otro aspecto que me preocupa más, aunque quede soslayado. El carbón como industria extractiva tiene un final seguro, en ocho años en el mejor de los casos. Quizás sobreviva alguna mina a cielo abierto, pero su importancia laboral será mínima comparada con la actual del sector. ¿Qué piensan hacer los mineros cuando ya no queden minas? Incluso cabe preguntar qué está haciendo un ayuntamiento como Villablino cuyo motor ha sido la minería hasta hoy. Laciana sin minas será como la comarca de Sabero, o peor porque está más lejos de las ciudades pobladas y su naturaleza está más devastada por el cielo abierto.
En definitiva, más allá de la justa reivindicación de los mineros hay que pensar urgentemente en un plan, quizás a 8 años, que permita fijar allí tanta población como se pueda. Un plan elaborado por agentes externos a la comarca, ya que el paisanaje local ha demostrado su bajo perfil para trazar un futuro próspero. Incluso para trazar el presente. Y choca que ahora lleguen las prisas, cuando se lleva decenas de años despilfarrando los fondos de reconversión en cosas inútiles. Sólo ahora podremos ver el triste alcance de tanta inconsciencia en una tierra con futuro incierto. Podemos intentar contener los daños, pero poco más. Una lección para el resto de los leoneses que no debemos olvidar.