domingo, 13 de octubre de 2013

León, España y la Negación del Proyecto Colectivo

Acaba de terminar la Fiesta del Pilar, que es la fiesta de España como colectivo, y me sorprendo del impulso autodestructivo que anida entre la población. Se trata de una habilidad para la autolesión que se engendra en cada una de las iniciativas colectivas peninsulares –estado, nación, ciudad, barrio…- sin que a estas alturas de nuestra historia reciente pueda yo encontrar una explicación. Personalmente me siento antes leonés que español, pero eso no me impide reconocer los logros históricos que España, o las Españas, si se quiere, consiguieron juntas. No me importa reconocer la realidad de un continuo histórico, de una personalidad histórica de la que León ha sido parte hace muchos siglos. España fue primero agrupación de reinos, luego corona ya consolidada, más tarde, en el Siglo XIX, nación o patria en multitud de escritos y ya en el Siglo XX un estado internamente diverso de pleno reconocimiento internacional. España es una presencia constante en la historia de los últimos siglos de León. Y en ese marco me cuesta comprender que se dude gritar ¡Viva España! en el desfile del Pilar en Madrid. Y se me atasca desde un pasado familiar arraigado en la izquierda, en la clandestinidad política y en el victimario de la represión de la dictadura. No hay justificación para la debilidad de una reivindicación legítima. Franco murió hace 38 años. Los cadetes de las academias militares de 1975, con toda su carga de tardofranquismo, hoy tienen al menos 61 años, muchos hijos de izquierdas y muchas experiencias y discursos esclarecedores sobre el papel deletéreo de la dictadura en la historia reciente de España. No puedo permitir como ciudadano que las minorías minúsculas que pueden representar el recuerdo de la Guerra Civil secuestren lo que significa España: la conquista de derechos ciudadanos de los últimos 30 años y la evolución de la plataforma hispana como país en que se imbrica mi patria profunda y primera: León. En resumen: “España” no puede significar fascismo porque lo digan cuatro melancólicos. No me da la gana. Aunque no esté dispuesto a que León ceda algo a España a cambio de nada (ya nos robaron la cartera demasiadas veces en nombre del “interés general”) comprendo que la plataforma España nos beneficia si hacemos valer nuestros intereses. Por eso los leoneses necesitamos reconocimiento de nuestra personalidad política, porque tenemos que ser sujetos de interlocución y no comparsas, como ahora. Esa es la lucha del leonesismo, salvo que alguien consiga demostrar que otro camino es mejor, cosa que se me antoja difícil. Comprendo que el territorio de conquista de los logros sociales es España y que dentro de él ese colectivo que se llama León tiene mucho por decir y mucho por ganar. Pues bien de la misma manera que cuesta jalear a España, parece que en algunos colectivos cuesta dar vivas a León. Y esto lo entiendo menos porque el colectivo leonés siempre ha sido sujeto histórico en los últimos 1000 años; mucho antes incluso que España. Primero como territorio del Reino Asturleonés y Leonés, luego como reino con cortes propias dentro de la corona castellanoleonesa, más tarde como reino reconocido en el proceso de consolidación peninsular de la Corona Española. Hasta el Siglo XIX los Reyes de España juraban ante el Pendón Real de León. Aún después León siempre ha sido reconocido como territorio singularizado, hasta el proceso autonómico, que no pudo evitar la “y” a pesar del hurto de la autonomía a la voluntad popular de los leoneses. León y su plataforma política y social, España, pueden vivir momentos de aguda crisis, pero no se puede perder la perspectiva: el triunfo colectivo nace del compromiso individual, del ánimo y de la gestión tras la reflexión. Si queremos un futuro próspero no hay más que una dirección, la afirmación de lo que somos y lo que queremos; y eso incluye corear los vivas a León primero y a España después. Y el que se quiera marchar de este patio de vecinos, que libremente lo haga, pero que no nos haga dilapidar las energías que ahora nos faltan para labores improductivas; ni él, ni los contrarios, que acostumbraron a derramar mucha sangre, pero de los demás. Quien reclama respeto ha de empezar por demostrarlo. Contra quienes anulan el proyecto común a base de capitalizar la atención para sí, sean del bando que sean, sólo cabe una respuesta, la declaración pública de nuestro compromiso y la manifestación expresa de que quien esté en contra ni nos anula, ni nos asusta. Por eso no proclamar los vivas correspondientes demuestra que quienes debían no han estado a la altura del momento ni en Madrid ni en León. Porque alzar las banderas no tiene por qué significar imposición, sólo afirmación de derechos tan legítimos o más que los de los adversarios.

3 comentarios:

Nacho León dijo...

Pues mal vamos a defender la identidad y la historia leonesa con expresiones como "corona castellanoleonesa", algo ridículo y jamás escuchado hasta que extendieron su uso hace cuatro días los mismos que están destruyendo y arruinando nuestra tierra.

No colaboremos a la negación de León empleando como hace el autor del comentario denominaciones absurdas e insultantes como eso de "castellanoleonés".

Cisastur dijo...

Una corona contiene uno o varios reinos. Fernando III ostentaba la corona sobre Castilla y sobre León. Por lo tanto la corona era castellano-leonesa.

Enrique Soto dijo...

Javier, me ha gustado tu artículo. Las ideas las comparto y la gramática entiendo que es correcta.