El viaje entre León y Burgos ha mejorado mucho en los últimos tiempos. Hablar de este acortamiento supone acercar a León el País Vasco, Francia y el resto de la Europa extrapeninsular, Pamplona, Zaragoza o Barcelona.Todo ello a pesar de los ataques deliberados y repetidos que ciertos sectores sociales le dedican periòdicamente a la mejora de este tramo. A fin de tener una visión global del problema que suponen estos sectores destructivos quisiera ubicar la procedencia de tales ataques y denunciar clara y abiertamente la mala intención, cuando no la simpleza, de los sujetos y grupos que a tales entretenimientos dedican su tiempo y esfuerzo.
Previamente conviene hacer hincapié en la enorme importancia de esta autovía para el desarrollo futuro del cuadrante Noroeste y, sobre todo, para León. Dentro de los grandes ejes de comunicaciones de la Península Ibérica es necesario distinguir los radiales, aquellos que unen la periferia con Madrid, de los tangenciales, corredores que comunican áreas periféricas sin pasar por Madrid.
La red radial fue desarrollada durante la dictadura y convertida en autovía posteriormente. Es la formada por las seis nacionales que parten de Madrid más la autovía de Colmenar Viejo. La red tangencial se planificó y desarrolló en parte durante la dictadura. La actual autopista del Mediterráneo o la Burgos-Barcelona son buen ejemplo de ello. Sin embargo otra parte de estas vías quedó sin desarrollar, como el caso de la Ruta de la Plata, que permanece como una carretera normal, o bien directamente sin definir. En esta última situación, sin definir, quedó el corredor de unión entre el Noroeste peninsular y el eje del Ebro (País Vasco, Navarra, La Rioja, Aragón y Cataluña) y, por ende, con Francia.
Esta carencia fue perfectamente definida en el Plan Director de Infraestructuras de 1992 donde se daba dos posibles recorridos alternativos: uno que uniría Benavente con Palencia u otro que uniría León con Burgos. Evitaré ser prolijo analizando las bondades de cada una de las opciones. Los esfuerzos de un grupo de leoneses y de cierto equipo de empresarios de Burgos consiguieron inclinar la balanza hacia la opción que partía de León.
La autovía León-Burgos, hoy incompleta a falta de 115 kilómetros aproximadamente, es un corredor destinado sobre todo al transporte de mercancías, es decir, a los camiones. La incidencia del tráfico local, el de las zonas que atraviesa la autovía, es y será muy escasa puesto que se trata de áreas de baja densidad de población. La importancia del tráfico de camiones es hoy residual por la sencilla razón de que la mayoría de éstos no pueden pasar por las zonas en las que todavía no está costruida esta vía de gran capacidad. La relevancia del tráfico de turismos será estacional, veraniega, y nunca comparable al de las autopistas del Mediterráneo porque la población del Noroeste en invierno es muy inferior a la de estas zonas hoy en día. Esto no es óbice para reafirmar la urgente necesidad de esta autovía para el desarrollo de todo el cuadrante Noroeste.
Hechas estas precisiones repasemos qué o quiénes se oponen al desarrollo de esta autovía. He podido detectar los siguientes:
-Agoreros: en este grupo deseo resaltar por su capacidad destructiva al grupo de ciertos columnistas de diarios locales. Todos ellos argumentan la falta de tráfico por la autovía León-Burgos. Eso sería verdad si esa autovía existiese, pero en realidad hablan de una autovía local entre Onzonilla-Sahagún que ni siquiera apareció en alguna de las guías de carreteras más vendidas el año pasado. Ya se ha explicado que el pobre tráfico local no puede alimentar una vía de esas características. El tráfico pesado, sin duda, será muy importante, pero cuando esté concluida. Para este grupo de opinión sólo podemos pedir un par de cosas: prudencia y, si no saben, por favor, pregunten e infórmense.
-El Partido Socialista Obrero Español es el segundo grupo de opinión. Se ha manifestado las últimas semanas con que esa autovía carece de importancia respecto a otras obras y con que se dedican demasiados recursos a la misma. Ignoro qué puede ser importante para este partido que aisló nuestra provincia, no importa si consciente o inconscientemente, de la red básica de autovías de España cuando gobernaba en Madrid. Es un contrasentido que esta agrupación arremeta contra una obra que era definida como uno de los corredores de gran capacidad potencial en el PDI, elaborado por el equipo del Sr Borrell, Ministro de Fomento durante la etapa de gobierno del Sr González. ¿Dónde se halla la explicación de una opinión tan voluble?.
-La Junta de Castilla y León es el tercer y más sorprendente grupo adversario de esta autovía. La institución ha tomado la decisión, chocante a más no poder, de dejar para el final la ejecución de los tramos más problemáticos, los que impiden el paso de camiones hacia la zona de autovía en servicio. Eso no es explicable en una autovía realizada para resolver el tráfico de camiones en el Norte Peninsular. Dudo mucho que tal circunstancia sea desconocida para los Sres Lucas y Merino, Presidente y Consejero de Fomento, respectivamente, de la Institución.
Es conveniente que se sepa que los responsables autonómicos van a priorizar las obras en los tramos menos problemáticos y van a dejar para el último momento los dos cuellos de botella del corredor: Villaherreros y Melgar de Fernamental. Villaherreros es un pueblo de la Tierra de Campos palentina que es atravesado por la N-120, la futura autovía, por una de sus calles, lo que se traduce en una limitación de 40 kilómetros por hora, en una curva muy peligrosa en la que más de uno apareció en el interior de una casa de vecinos tras derribar una pared, y en la imposibilidad de que dos camiones puedan pasar simultáneamente por esta calle. Pero el paso puede ser aún peor, como en Melgar de Fernamental. En este pueblo burgalés la carretera, continuación de una autovía, atraviesa el Pisuerga por un puente del siglo XVIII de un sólo carril. Pero eso no es todo, los camiones articulados deben detenerse y realizar maniobra para poder subir desde dicho puente a Melgar ya que a la salida del mismo la vía traza un ángulo recto y arranca cuesta arriba encerrada por un terraplen por uno de sus lados.
Si estos dos puntos negros no son resueltos con nuevas circunvalaciones, como se ha hecho recientemente con la travesía de Villadiezma (Palencia), en el mismo corredor, el tráfico de camiones, fin último de la autovía, no será denso hasta el año 2003, fin de la obra. Sería interesante saber por qué los planos de la circunvalación de Melgar de Fernamental llevan en un cajón desde 1994 al menos.
En definitiva, no se pretende meter en el mismo saco a todos los que se oponen a esta autovía, pero sí se pide información y rigor al realizar las críticas, y claridad al marcar las prioridades de los tramos a construir. Embadurnar la información clave con aspectos irrelevantes o inexactos en nada contribuye a la buena administración pública, responsabilidad de todos, y, en última instancia, a la exigencia de transparencia en los modos de actuar de nuestros representantes políticos.
Por el momento, si tras el tramo entre Sahagún y Carrión (San Mamés de Campos en realidad) se retoma por Burgos hasta Villanueva de Argaño, dejando en medio las horribles travesías de Villaherreros y de Melgar de Fernamental, es imprescindible que todos los grupos exijan la construcción inmediata de ambas circunvalaciones para poder obtener el máximo rendimiento de esa autovía desde el primer día y desde el primer tramo, algo ya imposible como sabemos. Casi 40.000 millones de inversión no pueden ser tan mal gestionados.
Columnas, tribunas y comentarios de Javier Callado, que se irán incorporando poco a poco, combinando los actuales con los ya publicadas tiempo atrás.
Mostrando entradas con la etiqueta Del Diario de León. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Del Diario de León. Mostrar todas las entradas
miércoles, 31 de diciembre de 2008
domingo, 28 de diciembre de 2008
Santa María, El Páramo y el Nuevo Siglo (1999)
La entrada en el próximo siglo de nuestras comarcas viene marcada por los resultados que se obtengan en las elecciones locales que tendrán lugar en junio. En este sentido podemos decir que el cambio de siglo puede suponer para ciertas poblaciones un estancamiento o un despegue en función de la gestión que los alcaldes y diputados entrantes realicen. Por ello es evidente que el triunfo de unos candidatos u otros es definitivo para el futuro comarcal puesto que las capacidades, actitudes y puntos de vista de los distintos candidatos distan de ser parecidas.
Durante el mes de Octubre de 1998 se desarrollaron las "Terceras Jornadas de las Comarcas Leonesas" en la comarca del Páramo. Entre otras intervenciones tuvo lugar una titulada "El Páramo, su Estructura y sus Potencialidades ante el Siglo XXI". En ella se realizaba, entre otras cosas, un análisis estratégico sencillo, pero muy práctico y definitorio de El Páramo y sus posibilidades de desarrollo, el cual paso a resumir.
La zona nuclear de esta comarca, es decir, la que se asimiló siempre a un páramo por sus características, mantiene una población de unos 17.000 habitantes. Se podría pensar por ello que este espacio tiene una escasa relevancia, pero no es así. El Páramo se presenta como nexo entre los grandes núcleos de población del subsistema de ciudades occidental de León. El Páramo actúa como espacio de relación entre los núcleos de León, La Bañeza, Benavente, Valencia de Don Juan, Benavides-Hospital y Astorga permitiendo la existencia de un espacio relativamente atractivo que opera como "interface" entre dichas ciudades. Para imaginarnos las repercusiones de una supuesta depresión o despoblación de la zona podemos trasladarnos a una región contigua, el vacío poblacional entre Medina de Rioseco, Palencia y Valladolid, espacio de evidente desestructuración y escasos atractivo y potencial de crecimiento.
Por esta razón entre otras el interés en el desarrollo de El Páramo debe ser no sólo local sino general. Para lograr el crecimiento en esta zona debemos pensar en el fortalecimiento de cuatro factores al menos:
1-Impulso a las vías relevantes de comunicación:
El desarrollo inminente de la autopista (no autovía por el momento) León-Astorga debería ser estudiado profundamente a fin de definir las salidas al Páramo. El correcto mantenimiento de la actual carretera debe ser objeto de un seguimiento estricto por las autoridades locales. La autovía León-Benavente debería tener un enlace cercano a Villamañàn y a Laguna de Negrillos. El momento para presionar a quienes deciden desde un despacho tales cosas es éste. La transformación en vía rápida de la carretera León-La Bañeza es importante para toda la Provincia, pero para El Páramo es fundamental. Sin posibilidad de conectar la cabecera comarcal, Santa María, con las grandes vías de comunicación no habrá un desarrollo sustancial.
A la luz de lo expuesto es evidente que en el logro de comunicaciones para El Páramo hace falta unos ediles activos, inteligentes, trabajadores y con capacidad negociadora.
2-Potenciación del regadío:
La puesta en marcha de regadíos, aunque sea en precario, es un factor de relanzamiento económico fundamental. El secano no permitirá el sostenimiento de volúmenes de población suficientes para mantener la red de poblamiento. El minifundismo, arraigado en la zona, no permite alcanzar la rentabilidad de las explotaciones sin riego.
3-Crecimiento urbano de la cabecera comarcal:
Santa María reúne el 20% de toda la población comarcal. Además, ya rebasa los 3.000 habitantes, límite considerado suficiente para iniciar la transformación de núcleo rural a urbano. La gestión de una alcaldía como ésta es especialmente delicada. Se puede dar el paso hacia la formación de una ciudad o estancar el crecimiento, lo que suele conducir a la regresión en el medio plazo. Son varios los frentes que se deben atacar, pero citaré sólo algunos como crear un centro urbano atractivo o definir el área industrial donde agrupar las actividades secundarias y algunas de las terciarias, sacándolas del casco urbano.
4-Deslindar el área de compromiso comarcal:
Crear el sentimiento de grupo recurriendo a elementos de la economía, el paisaje o el ocio comunes contribuye a fijar la población y el gasto familiar en la zona. La conciencia de comarcalidad contribuiría, por ejemplo, a evitar la "fuga" de una parte del gasto familiar fuera de la comarca con lo que se reforzaría Santa María como centro de servicios. Esto, finalmente, redundaría en beneficio de todos, incluidas las ciudades perdedoras de esa cuota de mercado, que se engarzarían más sólidamente en la matriz de poblamiento leonesa.
Sin duda existen otras variables a considerar, pero no es este el lugar para establecer unos trazos más extensos. Lo que resulta muy importante es que los leoneses tomemos conciencia de que El Páramo es una pieza clave en el rompecabezas económico leonés.
Durante el mes de Octubre de 1998 se desarrollaron las "Terceras Jornadas de las Comarcas Leonesas" en la comarca del Páramo. Entre otras intervenciones tuvo lugar una titulada "El Páramo, su Estructura y sus Potencialidades ante el Siglo XXI". En ella se realizaba, entre otras cosas, un análisis estratégico sencillo, pero muy práctico y definitorio de El Páramo y sus posibilidades de desarrollo, el cual paso a resumir.
La zona nuclear de esta comarca, es decir, la que se asimiló siempre a un páramo por sus características, mantiene una población de unos 17.000 habitantes. Se podría pensar por ello que este espacio tiene una escasa relevancia, pero no es así. El Páramo se presenta como nexo entre los grandes núcleos de población del subsistema de ciudades occidental de León. El Páramo actúa como espacio de relación entre los núcleos de León, La Bañeza, Benavente, Valencia de Don Juan, Benavides-Hospital y Astorga permitiendo la existencia de un espacio relativamente atractivo que opera como "interface" entre dichas ciudades. Para imaginarnos las repercusiones de una supuesta depresión o despoblación de la zona podemos trasladarnos a una región contigua, el vacío poblacional entre Medina de Rioseco, Palencia y Valladolid, espacio de evidente desestructuración y escasos atractivo y potencial de crecimiento.
Por esta razón entre otras el interés en el desarrollo de El Páramo debe ser no sólo local sino general. Para lograr el crecimiento en esta zona debemos pensar en el fortalecimiento de cuatro factores al menos:
1-Impulso a las vías relevantes de comunicación:
El desarrollo inminente de la autopista (no autovía por el momento) León-Astorga debería ser estudiado profundamente a fin de definir las salidas al Páramo. El correcto mantenimiento de la actual carretera debe ser objeto de un seguimiento estricto por las autoridades locales. La autovía León-Benavente debería tener un enlace cercano a Villamañàn y a Laguna de Negrillos. El momento para presionar a quienes deciden desde un despacho tales cosas es éste. La transformación en vía rápida de la carretera León-La Bañeza es importante para toda la Provincia, pero para El Páramo es fundamental. Sin posibilidad de conectar la cabecera comarcal, Santa María, con las grandes vías de comunicación no habrá un desarrollo sustancial.
A la luz de lo expuesto es evidente que en el logro de comunicaciones para El Páramo hace falta unos ediles activos, inteligentes, trabajadores y con capacidad negociadora.
2-Potenciación del regadío:
La puesta en marcha de regadíos, aunque sea en precario, es un factor de relanzamiento económico fundamental. El secano no permitirá el sostenimiento de volúmenes de población suficientes para mantener la red de poblamiento. El minifundismo, arraigado en la zona, no permite alcanzar la rentabilidad de las explotaciones sin riego.
3-Crecimiento urbano de la cabecera comarcal:
Santa María reúne el 20% de toda la población comarcal. Además, ya rebasa los 3.000 habitantes, límite considerado suficiente para iniciar la transformación de núcleo rural a urbano. La gestión de una alcaldía como ésta es especialmente delicada. Se puede dar el paso hacia la formación de una ciudad o estancar el crecimiento, lo que suele conducir a la regresión en el medio plazo. Son varios los frentes que se deben atacar, pero citaré sólo algunos como crear un centro urbano atractivo o definir el área industrial donde agrupar las actividades secundarias y algunas de las terciarias, sacándolas del casco urbano.
4-Deslindar el área de compromiso comarcal:
Crear el sentimiento de grupo recurriendo a elementos de la economía, el paisaje o el ocio comunes contribuye a fijar la población y el gasto familiar en la zona. La conciencia de comarcalidad contribuiría, por ejemplo, a evitar la "fuga" de una parte del gasto familiar fuera de la comarca con lo que se reforzaría Santa María como centro de servicios. Esto, finalmente, redundaría en beneficio de todos, incluidas las ciudades perdedoras de esa cuota de mercado, que se engarzarían más sólidamente en la matriz de poblamiento leonesa.
Sin duda existen otras variables a considerar, pero no es este el lugar para establecer unos trazos más extensos. Lo que resulta muy importante es que los leoneses tomemos conciencia de que El Páramo es una pieza clave en el rompecabezas económico leonés.
sábado, 27 de diciembre de 2008
Regadíos, Política y Manipulación (1999)
Todavía está reciente el alboroto provocado por las manifestaciones de algunos directivos de la Confederación Hidrográfica del Duero acerca de la falta de interés de los agricultores por el regadío. Lo que venían a decir tales dirigentes era que, tras realizar una encuesta a los propietarios de las zonas potencialmente regables del área de los Payuelos, los trabajadores del campo de esa comarca manifestaban su desinterés por regar.
Han corrido ríos de tinta sobre este tema, pero llama la atención que el debate no haya entrado a discutir las cuestiones de fondo. Por ello creo que es necesario aportar una visión diferente de cuál es la situación en esta y otras comunidades de la Provincia de León.
Como es bien conocido, en los años ochenta, tras una batalla campal -perfectamente orquestada por terceros- entre unas comarcas de montaña y otras comarcas de las vegas medias de nuestra red fluvial, tiene lugar el cierre del embalse de Riaño. La ejecución de obra para el aprovechamiento hidroeléctrico fue rápida. El desarrollo de las necesarias para regar, independientemente de la administración responsable, han sido tan lentas que aún no estarán listas el decenio próximo. Sin embargo, el compromiso de las administraciones con todos los contribuyentes fue liquidar una comarca, la de Riaño, a cambio de la potenciación de otras. Sin ese pretexto jamás hubiesen conseguido terminar el embalse.
Durante ese largo periodo de tiempo el número de agricultores en activo ha caído aceleradamente. Mucho más lo ha hecho en las zonas de secano, en las que el valor de la producción por hectárea ha decrecido hasta cifras desconocidas históricamente. Este proceso ha provocado que las explotaciones con planteamientos más empresariales hayan intentado ganar la carrera de la rentabilidad adquiriendo cada vez mayor tamaño. Una dimensión necesaria para obtener ventajas de las economías de escala y rebajar sus costes por hectárea más rápido que lo que caían sus ingresos.
Por otra parte, la edad de muchos agricultores, en activo cuando se luchaba por el cierre de la presa, ha alcanzado al día de hoy los 55 ó 60 años cuando no cifras mayores. En estas etapas vitales las perspectivas de un agricultor son distintas a las que se tienen con 15 años menos. Los mismos que clamaron por el cierre del embalse ayer no están hoy dispuestos a afrontar el coste de unas inversiones y el cambio de unos hábitos de trabajo para un periodo laboral relativamente corto.
Pero no es éste el mayor problema. Lo cierto es que muchos de los antiguos agricultores son dueños de la tierra, pero ya no la explotan como tales. La arriendan a otros agricultores, los que han seguido creciendo, con más visión empresarial o con más apetencias profesionales. ¿Saben por qué?. Porque les es muy rentable. A pesar de que el valor de la producción agraria a precios de mercado es muy bajo, existen unas subvenciones de la Política Agraria Comunitaria, la famosa PAC, que se aplican sobre la superficie cultivada. El efecto perverso que eso tiene es que, al subvencionarse a la superficie y no al productor, el valor de las rentas del suelo ha subido. Sin embargo ese artificioso crecimiento de los alquileres que sufre el agricultor profesional -y del que se benefician unos señores que ya no son agricultores sino rentistas- es pagado en realidad por la subvención. Es decir, los contribuyentes estamos pagando a unos señores que poseen la tierra, pero que no la utilizan, un dinero destinado a incrementar las rentas del agricultor profesional.
¿Y qué relación tiene esto con Riaño?. Lo comprenderán fácilmente. Cuando la encuesta sobre el deseo de regar se hace a un profesional del campo responde de forma positiva a la implantación del regadío. Cuando se le pregunta a un arrendador, es decir, a la mayoría de los dueños de la tierra en la zona de Payuelos, responde de forma negativa. La ejecución del plan de desarrollo de un regadío supone inversiones por parte del poseedor del suelo. ¿Qué necesidad tienen estos señores de hacer inversión alguna?.
Indudablemente, si la tan traída y llevada encuesta se ha hecho a la totalidad de los dueños de fincas del área Payuelos sólo buscaba un fin: justificar la no ejecución del plan en la zona.
Los contribuyentes, todos, no sólo los agricultores, debemos tener en cuenta que la agricultura a precios del mercado internacional no es rentable con las estructuras que predominan hoy en España. El ser agricultor es, prácticamente, una concesión administrativa puesto que se trata de una actividad cuya supervivencia, hasta que se transforme totalmente esta profesión, depende de la aportación de subvenciones. No se puede permitir que la última palabra sobre el destino agrícola del suelo y su transformación o no en regadío dependa de un colectivo, el de los rentistas, en el que predomina un criterio especulativo a costa del dinero público.
Por otra parte, mantener a una parte de la población en áreas rurales es imprescindible para sostener los equilibrios necesarios en el sistema de ciudades y para explotar cuantos recursos se encuentran disponibles en el territorio. Los leoneses tenemos que saber que no nos conviene despoblar amplias zonas de la Provincia. Lo sucedido en Riaño, Vegamián y Los Barrios de Luna ya ha supuesto un sacrificio suficiente para saber en qué han quedado sus comarcas a pesar de promesas oficiales de reactivación y apoyos testimoniales. Su inmolación sólo estará justificada si llega un beneficio mayor a cambio.
En este sentido consolidar las explotaciones entre 150 y 500 hectáreas del secano de Payuelos es muy importante para sostener la economía y la población de esas zonas. Desarrollar agricultores especialistas en regadío en torno al Cea puede ser clave para la fijación de servicios en esas áreas. Para ello sólo hay dos soluciones: acabar con la especulación en las rentas de fincas y poner en regadío tanto terreno como se pueda.
Riaño se cerró, pero con condiciones. Las condiciones para cerrar Riaño, la puesta en regadío del Páramo de Payuelo, no han prescrito. Las instituciones quieren romper unilateralmente el trato, pero el sentido común no entiende de cambios ministeriales. León tiene ahora el derecho y la palabra.
Han corrido ríos de tinta sobre este tema, pero llama la atención que el debate no haya entrado a discutir las cuestiones de fondo. Por ello creo que es necesario aportar una visión diferente de cuál es la situación en esta y otras comunidades de la Provincia de León.
Como es bien conocido, en los años ochenta, tras una batalla campal -perfectamente orquestada por terceros- entre unas comarcas de montaña y otras comarcas de las vegas medias de nuestra red fluvial, tiene lugar el cierre del embalse de Riaño. La ejecución de obra para el aprovechamiento hidroeléctrico fue rápida. El desarrollo de las necesarias para regar, independientemente de la administración responsable, han sido tan lentas que aún no estarán listas el decenio próximo. Sin embargo, el compromiso de las administraciones con todos los contribuyentes fue liquidar una comarca, la de Riaño, a cambio de la potenciación de otras. Sin ese pretexto jamás hubiesen conseguido terminar el embalse.
Durante ese largo periodo de tiempo el número de agricultores en activo ha caído aceleradamente. Mucho más lo ha hecho en las zonas de secano, en las que el valor de la producción por hectárea ha decrecido hasta cifras desconocidas históricamente. Este proceso ha provocado que las explotaciones con planteamientos más empresariales hayan intentado ganar la carrera de la rentabilidad adquiriendo cada vez mayor tamaño. Una dimensión necesaria para obtener ventajas de las economías de escala y rebajar sus costes por hectárea más rápido que lo que caían sus ingresos.
Por otra parte, la edad de muchos agricultores, en activo cuando se luchaba por el cierre de la presa, ha alcanzado al día de hoy los 55 ó 60 años cuando no cifras mayores. En estas etapas vitales las perspectivas de un agricultor son distintas a las que se tienen con 15 años menos. Los mismos que clamaron por el cierre del embalse ayer no están hoy dispuestos a afrontar el coste de unas inversiones y el cambio de unos hábitos de trabajo para un periodo laboral relativamente corto.
Pero no es éste el mayor problema. Lo cierto es que muchos de los antiguos agricultores son dueños de la tierra, pero ya no la explotan como tales. La arriendan a otros agricultores, los que han seguido creciendo, con más visión empresarial o con más apetencias profesionales. ¿Saben por qué?. Porque les es muy rentable. A pesar de que el valor de la producción agraria a precios de mercado es muy bajo, existen unas subvenciones de la Política Agraria Comunitaria, la famosa PAC, que se aplican sobre la superficie cultivada. El efecto perverso que eso tiene es que, al subvencionarse a la superficie y no al productor, el valor de las rentas del suelo ha subido. Sin embargo ese artificioso crecimiento de los alquileres que sufre el agricultor profesional -y del que se benefician unos señores que ya no son agricultores sino rentistas- es pagado en realidad por la subvención. Es decir, los contribuyentes estamos pagando a unos señores que poseen la tierra, pero que no la utilizan, un dinero destinado a incrementar las rentas del agricultor profesional.
¿Y qué relación tiene esto con Riaño?. Lo comprenderán fácilmente. Cuando la encuesta sobre el deseo de regar se hace a un profesional del campo responde de forma positiva a la implantación del regadío. Cuando se le pregunta a un arrendador, es decir, a la mayoría de los dueños de la tierra en la zona de Payuelos, responde de forma negativa. La ejecución del plan de desarrollo de un regadío supone inversiones por parte del poseedor del suelo. ¿Qué necesidad tienen estos señores de hacer inversión alguna?.
Indudablemente, si la tan traída y llevada encuesta se ha hecho a la totalidad de los dueños de fincas del área Payuelos sólo buscaba un fin: justificar la no ejecución del plan en la zona.
Los contribuyentes, todos, no sólo los agricultores, debemos tener en cuenta que la agricultura a precios del mercado internacional no es rentable con las estructuras que predominan hoy en España. El ser agricultor es, prácticamente, una concesión administrativa puesto que se trata de una actividad cuya supervivencia, hasta que se transforme totalmente esta profesión, depende de la aportación de subvenciones. No se puede permitir que la última palabra sobre el destino agrícola del suelo y su transformación o no en regadío dependa de un colectivo, el de los rentistas, en el que predomina un criterio especulativo a costa del dinero público.
Por otra parte, mantener a una parte de la población en áreas rurales es imprescindible para sostener los equilibrios necesarios en el sistema de ciudades y para explotar cuantos recursos se encuentran disponibles en el territorio. Los leoneses tenemos que saber que no nos conviene despoblar amplias zonas de la Provincia. Lo sucedido en Riaño, Vegamián y Los Barrios de Luna ya ha supuesto un sacrificio suficiente para saber en qué han quedado sus comarcas a pesar de promesas oficiales de reactivación y apoyos testimoniales. Su inmolación sólo estará justificada si llega un beneficio mayor a cambio.
En este sentido consolidar las explotaciones entre 150 y 500 hectáreas del secano de Payuelos es muy importante para sostener la economía y la población de esas zonas. Desarrollar agricultores especialistas en regadío en torno al Cea puede ser clave para la fijación de servicios en esas áreas. Para ello sólo hay dos soluciones: acabar con la especulación en las rentas de fincas y poner en regadío tanto terreno como se pueda.
Riaño se cerró, pero con condiciones. Las condiciones para cerrar Riaño, la puesta en regadío del Páramo de Payuelo, no han prescrito. Las instituciones quieren romper unilateralmente el trato, pero el sentido común no entiende de cambios ministeriales. León tiene ahora el derecho y la palabra.
lunes, 22 de diciembre de 2008
La Sinrazón del Tren Veloz (2000)
Desde hace algunos meses tenemos la oportunidad de seguir a través de todos los medios de comunicación provinciales manifestaciones de diversa índole a favor del recorrido del tren veloz a Galicia a través de una zona u otra. Parece que, una vez más, la definición de infraestructuras esenciales para el desarrollo -y tremendamente caras- va a quedar al albur de una decisión política, que estará influida por la capacidad de movilización de las distintas áreas. Así pues, todo hace pensar que el tren veloz será para los políticos más una bandera que agitar ante los electores que un elemento para la discusión razonada. Sin embargo este tema merece un análisis frío que, a juzgar por lo sucedido hasta ahora, no está teniendo lugar en la provincia de León.
Puesto que en el trazado de los accesos a Galicia se han impuesto decisiones políticas -como la muy discutible de construir la autovía “Rías Bajas”- es tiempo de reclamar racionalidad en las nuevas inversiones. La red de comunicaciones no debería transcurrir por zonas desérticas si los ciudadanos del noroeste deseamos que sirva para impulsar el crecimiento económico de nuestro territorio. Por otra parte no podemos admitir que se tome el noroeste como un mero lugar de paso. Las infraestructuras en general y el ferrocarril en particular deben tener trayectorias útiles y de cobertura suficiente para la población, independientemente de dónde comience o termine la línea. De lo contrario el noroeste se convertiría en una especie de soporte para las traviesas y vías que van de Valladolid a Vigo o a La Coruña.
Es en éste último aspecto donde más se ha de profundizar y sobre el que precisamente están dando una lección los ayuntamientos gallegos del corredor Ponferrada-Monforte a sus homólogos leoneses. Como muy bien han expuesto, el TAV (Tren de Alta Velocidad) va más rápido (350 kms/h) que el TVA (Tren de Velocidad Alta, 250 kms/h), pero sus vías no están adaptadas para el transporte de mercancías, por lo que no es útil para el corredor que nos ocupa. El número de paradas ha de ser mínimo durante el trayecto del TAV, que, por supuesto, no puede parar en poblaciones de diez o veinte mil habitantes. Por esta razón el TAV no sirve para el modelo de desarrollo que más conviene al noroeste, ya que es característico de nuestro solar estar ocupado por una gran cantidad de núcleos, algo totalmente diferente a lo que se observa más al sur. Se puede argumentar que en Centroeuropa sucede lo mismo, y es cierto, pero nadie puede comparar la calidad de sus redes alternativas de comunicaciones con las nuestras.
El TAV es un tren adecuado para unir Madrid y la costa gallega con pocas paradas intermedias (dos o tres a lo sumo) puesto que ése y no otro es su objetivo. La cacicada de trasladar el desvío hacia Galicia desde Medina del Campo (donde siempre estuvo planificado) hasta Valladolid puede suponer, si se confirma, una carga más para ese trayecto y, quizás, el final para el proyecto de estación en Zamora. El noroeste poblado no debe reclamar ese tren porque si no tiene estaciones en Astorga, Bembibre, Ponferrada, Monforte de Lemos o El Barco de Valdeorras no nos sirve. Desde luego un TAV nunca tendría esas paradas: sus 350 kms/h de velocidad necesitan espacios de más de cien kilómetros entre estaciones.
El tren que necesita el interior asturgalaico es una vía de uso para mercancías y pasajeros (no dos vías, puesto que el volumen de tráfico potencial no lo justifica) con una velocidad máxima de 250 kms/h. Los leoneses, lucenses, orensanos y asturianos aspiramos a un tren que comunique mucho más que las tres o cuatro ciudades principales del área. Es hora de que alguien diga que para eso no es necesario un ferrocarril que permita alcanzar los 350 kms/h.
Por otro lado hay un tema que importa aún más: el plazo de construcción. La puesta en marcha del tren de velocidad alta en nuestro territorio debe ser anterior a la de alta velocidad o, como mucho, simultánea. No se puede repetir el retraso de 15 años que hemos sufrido en la red de autovías respecto al Ebro, al Mediterráneo y al Sur.
La frivolidad de adelantar una inversión de cientos de miles de millones como la Alta Velocidad -que sólo beneficia a cuatro o cinco ciudades- respecto a otra que con unas cuantas decenas de miles de millones puede dejar mucho más cohesionado todo el noroeste español es incompatible con cualquier planteamiento racional. Asistimos a la locura entre las autoridades autonómicas y estatales exigiendo prioridad para una conexión previa entre Madrid y Valladolid que cuesta más que la reforma de toda la red del noroeste para su conversión a velocidad alta.
Los políticos de León debieran saber que no es conveniente entrar a todos los capotes que les ponen desde otras zonas porque nosotros también tenemos nuestros propios intereses y conveniencias. En el caso del tren veloz todos los partidos de León se están comportando como novatos, los sindicatos están haciendo un papel que no les corresponde, y los técnicos ...¿dónde están los técnicos?.
León reclama un nuevo ferrocarril, pero el que interesa a los leoneses, y con la racionalidad que hasta hoy se le ha negado. Quizás debieran venir los políticos de Valdeorras a darnos unas clases, o quizás sea que los de Valdeorras son más de León que los de aquí. En esta tierra de dislocada configuración política sus principales valedores se pueden encontrar fuera de ella en más de una ocasión. Nada justifica que el tren veloz de León sea reclamado tarde, mal y sin una posición meditada y madura.
Puesto que en el trazado de los accesos a Galicia se han impuesto decisiones políticas -como la muy discutible de construir la autovía “Rías Bajas”- es tiempo de reclamar racionalidad en las nuevas inversiones. La red de comunicaciones no debería transcurrir por zonas desérticas si los ciudadanos del noroeste deseamos que sirva para impulsar el crecimiento económico de nuestro territorio. Por otra parte no podemos admitir que se tome el noroeste como un mero lugar de paso. Las infraestructuras en general y el ferrocarril en particular deben tener trayectorias útiles y de cobertura suficiente para la población, independientemente de dónde comience o termine la línea. De lo contrario el noroeste se convertiría en una especie de soporte para las traviesas y vías que van de Valladolid a Vigo o a La Coruña.
Es en éste último aspecto donde más se ha de profundizar y sobre el que precisamente están dando una lección los ayuntamientos gallegos del corredor Ponferrada-Monforte a sus homólogos leoneses. Como muy bien han expuesto, el TAV (Tren de Alta Velocidad) va más rápido (350 kms/h) que el TVA (Tren de Velocidad Alta, 250 kms/h), pero sus vías no están adaptadas para el transporte de mercancías, por lo que no es útil para el corredor que nos ocupa. El número de paradas ha de ser mínimo durante el trayecto del TAV, que, por supuesto, no puede parar en poblaciones de diez o veinte mil habitantes. Por esta razón el TAV no sirve para el modelo de desarrollo que más conviene al noroeste, ya que es característico de nuestro solar estar ocupado por una gran cantidad de núcleos, algo totalmente diferente a lo que se observa más al sur. Se puede argumentar que en Centroeuropa sucede lo mismo, y es cierto, pero nadie puede comparar la calidad de sus redes alternativas de comunicaciones con las nuestras.
El TAV es un tren adecuado para unir Madrid y la costa gallega con pocas paradas intermedias (dos o tres a lo sumo) puesto que ése y no otro es su objetivo. La cacicada de trasladar el desvío hacia Galicia desde Medina del Campo (donde siempre estuvo planificado) hasta Valladolid puede suponer, si se confirma, una carga más para ese trayecto y, quizás, el final para el proyecto de estación en Zamora. El noroeste poblado no debe reclamar ese tren porque si no tiene estaciones en Astorga, Bembibre, Ponferrada, Monforte de Lemos o El Barco de Valdeorras no nos sirve. Desde luego un TAV nunca tendría esas paradas: sus 350 kms/h de velocidad necesitan espacios de más de cien kilómetros entre estaciones.
El tren que necesita el interior asturgalaico es una vía de uso para mercancías y pasajeros (no dos vías, puesto que el volumen de tráfico potencial no lo justifica) con una velocidad máxima de 250 kms/h. Los leoneses, lucenses, orensanos y asturianos aspiramos a un tren que comunique mucho más que las tres o cuatro ciudades principales del área. Es hora de que alguien diga que para eso no es necesario un ferrocarril que permita alcanzar los 350 kms/h.
Por otro lado hay un tema que importa aún más: el plazo de construcción. La puesta en marcha del tren de velocidad alta en nuestro territorio debe ser anterior a la de alta velocidad o, como mucho, simultánea. No se puede repetir el retraso de 15 años que hemos sufrido en la red de autovías respecto al Ebro, al Mediterráneo y al Sur.
La frivolidad de adelantar una inversión de cientos de miles de millones como la Alta Velocidad -que sólo beneficia a cuatro o cinco ciudades- respecto a otra que con unas cuantas decenas de miles de millones puede dejar mucho más cohesionado todo el noroeste español es incompatible con cualquier planteamiento racional. Asistimos a la locura entre las autoridades autonómicas y estatales exigiendo prioridad para una conexión previa entre Madrid y Valladolid que cuesta más que la reforma de toda la red del noroeste para su conversión a velocidad alta.
Los políticos de León debieran saber que no es conveniente entrar a todos los capotes que les ponen desde otras zonas porque nosotros también tenemos nuestros propios intereses y conveniencias. En el caso del tren veloz todos los partidos de León se están comportando como novatos, los sindicatos están haciendo un papel que no les corresponde, y los técnicos ...¿dónde están los técnicos?.
León reclama un nuevo ferrocarril, pero el que interesa a los leoneses, y con la racionalidad que hasta hoy se le ha negado. Quizás debieran venir los políticos de Valdeorras a darnos unas clases, o quizás sea que los de Valdeorras son más de León que los de aquí. En esta tierra de dislocada configuración política sus principales valedores se pueden encontrar fuera de ella en más de una ocasión. Nada justifica que el tren veloz de León sea reclamado tarde, mal y sin una posición meditada y madura.
El Problema Leonés: Un Territorio sin Definir (2000)
Son muchas las obras aparecidas sobre León y lo leonés. En todas ellas se da por supuesto que León es algo perfectamente definido, un concepto maduro delimitado por características claramente percibidas por todos. Sin embargo, cuando entramos a la discusión de qué es el núcleo de lo leonés descubrimos que ni todo es tan nítido ni es tan fácil poner unos límites.
Esta misma pregunta, ¿qué es León?, nos la hicimos algunas personas hace tiempo. Sin pretender descubrir la pólvora cuestionamos hasta la propia existencia de lo leonés y, al día de hoy, tenemos algunas respuestas. Hay un territorio peculiar el cual ocupa un espacio que coincide con la Provincia de León y con algunas otras zonas. Los límites de esa área están ya parcialmente definidos, pero nos hayamos a menos de una cuarta parte del camino para llegar al final de su delimitación.
Se ha querido identificar León con los espacios que fueron divisiones administrativas o dominios de una corona en determinadas épocas de la Historia. En todos los casos parece haber consenso para partir de la base de los territorios provinciales, pero nosotros nos cuestionamos ¿cuál es el origen de las actuales demarcaciones provinciales?. La actual división en Provincias data de 1833 y fue realizada por encargo de la Corona Española. Los criterios de tal división intentaron conciliar las prioridades administrativas con otros intereses de ciertas clases dirigentes, y con las divisiones anteriores (1749, 1822, etc). En dicha acotación no existieron consideraciones relativas a la geografía humana, la etnografía, la economía u otros factores que hoy debmos considerar esenciales para definir los grupos humanos. Por lo tanto la actual división provincial no puede haber creado sentimiento de pertenencia más allá que el propio de la influencia ejercida por la educación escolar.
De ahí, por ejemplo, que sea poco relevante desde el punto de vista estrictamente sociológico que un señor de Doney de la Requejada (Sanabria) y otro de Fermoselle (Arribes de Duero sayagueses) digan que se sienten de Zamora, puesto que el contenido o significado de tal sentimiento ha de ser por fuerza muy diferente e inconexo. Doney y Fermoselle, bellísimos parajes en ambos casos, no tienen nada que ver entre sí. Sin embargo ambos personajes hablan influidos por las enseñanzas recibidas en la escuela y en su casa, procedentes éstas, a su vez, de la escuela.
Otro tanto se puede decir de aquellos que identifican una región humana con tres provincias como León, Zamora y Salamanca. Aquéllos que las conocemos bien y, por ello, las amamos sabemos que se extienden por ámbitos de geografía humana muy diferentes. Qué decir de aquellos que incluyen además en una pretendida región leonesa las provincias de Valladolid y Palencia. Cuando es posible diferenciar perfectamente la región de Tierra de Campos de nuestra comarca del Payuelo, contigua como es ¿cómo mezclar Villada con Santa María de Ordás?. ¡Qué decir a aquéllos que hablan de una región humana llamada Castilla y León!. Ni siquiera sabemos concretar lo que es Castilla como para mezclarlo con León. Sólo podemos decir que son muchos los grupos humanos diferentes que se asientan en un territorio autonómico que es la quinta parte de España y que carece de la más mínima homogeneidad.
Es por tanto muy difícil hablar de auténticos Pueblos sociológicos si no queremos desprendernos de las ataduras que imponen los límites provinciales, que son meramente administrativos. Nosotros lo hemos hecho para intentar entrever cuál es la estructura real de la sociedad española y, concretamente, de la sociedad que nos rodea. Hemos repasado todas las divisiones administrativas conocidas, que han sido muchas antes de la actual, y todas adolecen de las mismas limitaciones salvo una. La división de los cronistas romanos y griegos estaba sujeta más a caracteres descriptivos de los sujetos y grupos humanos que encontraban en los territorios conquistados que a variables de otro tipo. Aún más interesante resulta saber que en el caso de lo "leonés", si así queremos llamarlo, nos encontramos con una institución, el "conventus" que ligaba sus límites a los del asentamiento del propio Pueblo gobernado: los astures.
Indudablemente se puede argumentar que esto pasó hace dos mil años, pero no es menos cierto que esta es la referencia más válida que tenemos. Lo que haya llegado a nuestros días se basó en el "conventus asturum", que ocupaba nuestro territorio, y se habrá ido modificando en el curso de la historia. De aquellos astures sabemos algunas cosas como que se distinguían dos grandes grupos dentro de ellos: los que vivían a un lado de la cordillera y los que vivían al otro. No consta que tuviesen unidad política antes de la llegada de Roma, pero Roma prefirió adaptarse a la geografía humana.
¿Qué queda hoy de todo esto?, todo y nada. Indudablemente los leoneses actuales tienen muy poco que ver con aquellos astures augustanos, aunque desciendan en alguna medida de ellos. Sin embargo hay algo que no ha cambiado tanto y que, igual que entonces, consiguió diferenciar a aquellas gentes de sus vecinos: el territorio. Conocemos el territorio que ocuparon aquellos astures y, aunque se han sucedido los cambios climáticos, tecnológicos, económicos, administrativos, etc existe un sustrato que ha variado muy poco y que supone una unidad de adaptación en los individuos que han pervivido sobre él.
Es cierto que los grandes cambios de los que hemos hablado tienen que haber afectado siquiera a sus comarcas limitantes con los vecinos a los que, quizás, se hayan asimilado en unos casos o hayan absorbido en otros. Sin embargo las zonas más interiores, nucleares y aisladas de los Pueblos han de haber permanecido diferenciadas, con una evolución que les es propia y adaptativa a su peculiar medio. Los viejos astures nos proporcionaron una base cultural perfectamente adaptada a su medio y a sus circunstancias históricas sobre la que, tras siglos de readaptación y evolución sobre el mismo terruño hemos llegado a ser leoneses.
Definir el territorio que ocupamos es definir aquellos caracteres que nos hacen diferentes de otros grupos. Y definir aquellos caracteres que nos hacen diferentes como grupo es definir también cuáles son nuestros problemas comunes, nuestras necesidades y, en definitiva, nuestros intereses. Llegados a este punto es necesario. decir que nuestros intereses están situados, al menos en una parte sustancial, en la economía y el desarrollo. Intereses comunes son las carreteras y sus trazados de forma que mejoren nuestras posibilidades de comunicación interna y con el exterior. La defensa de nuestro sector primario, diferente del de nuestros vecinos, es interés común. La potenciación de nuestra propia red de ciudades es interés de todos. El crecimiento económico de nuestros vecinos y nuestra competencia con ellos por los mercados es también de interés común.
Exponemos por tanto un planteamiento de la regionalidad leonesa no tanto basada en unos lazos históricoculturales, que efectivamente existen, como en la manifestación última de los mismos que son los lazos económicos, los que más pueden impulsar al ciudadano de hoy al compromiso con su región y con su futuro común.
De esta manera hablar de Castilla y León o de León, Zamora y Salamanca nos parece un disparate sin apoyo social alguno, porque contra la evidencia no caben trucos o invenciones. Hablar de León como provincia es útil y manejable de cara a una planificación, pero también insuficiente, corto de miras y escaso para reconducir la situación económica comprometida que León atraviesa. Hablaremos en próximas entregas, para no alargar más un escrito que es de por sí demasiado extenso, de qué hemos llegado a concluir que es lo leonés y que límites territoriales tiene, así como sus implicaciones económicas de todo tipo, ignoradas hasta hoy por las administraciones públicas que nos tocó sufrir.
Esta misma pregunta, ¿qué es León?, nos la hicimos algunas personas hace tiempo. Sin pretender descubrir la pólvora cuestionamos hasta la propia existencia de lo leonés y, al día de hoy, tenemos algunas respuestas. Hay un territorio peculiar el cual ocupa un espacio que coincide con la Provincia de León y con algunas otras zonas. Los límites de esa área están ya parcialmente definidos, pero nos hayamos a menos de una cuarta parte del camino para llegar al final de su delimitación.
Se ha querido identificar León con los espacios que fueron divisiones administrativas o dominios de una corona en determinadas épocas de la Historia. En todos los casos parece haber consenso para partir de la base de los territorios provinciales, pero nosotros nos cuestionamos ¿cuál es el origen de las actuales demarcaciones provinciales?. La actual división en Provincias data de 1833 y fue realizada por encargo de la Corona Española. Los criterios de tal división intentaron conciliar las prioridades administrativas con otros intereses de ciertas clases dirigentes, y con las divisiones anteriores (1749, 1822, etc). En dicha acotación no existieron consideraciones relativas a la geografía humana, la etnografía, la economía u otros factores que hoy debmos considerar esenciales para definir los grupos humanos. Por lo tanto la actual división provincial no puede haber creado sentimiento de pertenencia más allá que el propio de la influencia ejercida por la educación escolar.
De ahí, por ejemplo, que sea poco relevante desde el punto de vista estrictamente sociológico que un señor de Doney de la Requejada (Sanabria) y otro de Fermoselle (Arribes de Duero sayagueses) digan que se sienten de Zamora, puesto que el contenido o significado de tal sentimiento ha de ser por fuerza muy diferente e inconexo. Doney y Fermoselle, bellísimos parajes en ambos casos, no tienen nada que ver entre sí. Sin embargo ambos personajes hablan influidos por las enseñanzas recibidas en la escuela y en su casa, procedentes éstas, a su vez, de la escuela.
Otro tanto se puede decir de aquellos que identifican una región humana con tres provincias como León, Zamora y Salamanca. Aquéllos que las conocemos bien y, por ello, las amamos sabemos que se extienden por ámbitos de geografía humana muy diferentes. Qué decir de aquellos que incluyen además en una pretendida región leonesa las provincias de Valladolid y Palencia. Cuando es posible diferenciar perfectamente la región de Tierra de Campos de nuestra comarca del Payuelo, contigua como es ¿cómo mezclar Villada con Santa María de Ordás?. ¡Qué decir a aquéllos que hablan de una región humana llamada Castilla y León!. Ni siquiera sabemos concretar lo que es Castilla como para mezclarlo con León. Sólo podemos decir que son muchos los grupos humanos diferentes que se asientan en un territorio autonómico que es la quinta parte de España y que carece de la más mínima homogeneidad.
Es por tanto muy difícil hablar de auténticos Pueblos sociológicos si no queremos desprendernos de las ataduras que imponen los límites provinciales, que son meramente administrativos. Nosotros lo hemos hecho para intentar entrever cuál es la estructura real de la sociedad española y, concretamente, de la sociedad que nos rodea. Hemos repasado todas las divisiones administrativas conocidas, que han sido muchas antes de la actual, y todas adolecen de las mismas limitaciones salvo una. La división de los cronistas romanos y griegos estaba sujeta más a caracteres descriptivos de los sujetos y grupos humanos que encontraban en los territorios conquistados que a variables de otro tipo. Aún más interesante resulta saber que en el caso de lo "leonés", si así queremos llamarlo, nos encontramos con una institución, el "conventus" que ligaba sus límites a los del asentamiento del propio Pueblo gobernado: los astures.
Indudablemente se puede argumentar que esto pasó hace dos mil años, pero no es menos cierto que esta es la referencia más válida que tenemos. Lo que haya llegado a nuestros días se basó en el "conventus asturum", que ocupaba nuestro territorio, y se habrá ido modificando en el curso de la historia. De aquellos astures sabemos algunas cosas como que se distinguían dos grandes grupos dentro de ellos: los que vivían a un lado de la cordillera y los que vivían al otro. No consta que tuviesen unidad política antes de la llegada de Roma, pero Roma prefirió adaptarse a la geografía humana.
¿Qué queda hoy de todo esto?, todo y nada. Indudablemente los leoneses actuales tienen muy poco que ver con aquellos astures augustanos, aunque desciendan en alguna medida de ellos. Sin embargo hay algo que no ha cambiado tanto y que, igual que entonces, consiguió diferenciar a aquellas gentes de sus vecinos: el territorio. Conocemos el territorio que ocuparon aquellos astures y, aunque se han sucedido los cambios climáticos, tecnológicos, económicos, administrativos, etc existe un sustrato que ha variado muy poco y que supone una unidad de adaptación en los individuos que han pervivido sobre él.
Es cierto que los grandes cambios de los que hemos hablado tienen que haber afectado siquiera a sus comarcas limitantes con los vecinos a los que, quizás, se hayan asimilado en unos casos o hayan absorbido en otros. Sin embargo las zonas más interiores, nucleares y aisladas de los Pueblos han de haber permanecido diferenciadas, con una evolución que les es propia y adaptativa a su peculiar medio. Los viejos astures nos proporcionaron una base cultural perfectamente adaptada a su medio y a sus circunstancias históricas sobre la que, tras siglos de readaptación y evolución sobre el mismo terruño hemos llegado a ser leoneses.
Definir el territorio que ocupamos es definir aquellos caracteres que nos hacen diferentes de otros grupos. Y definir aquellos caracteres que nos hacen diferentes como grupo es definir también cuáles son nuestros problemas comunes, nuestras necesidades y, en definitiva, nuestros intereses. Llegados a este punto es necesario. decir que nuestros intereses están situados, al menos en una parte sustancial, en la economía y el desarrollo. Intereses comunes son las carreteras y sus trazados de forma que mejoren nuestras posibilidades de comunicación interna y con el exterior. La defensa de nuestro sector primario, diferente del de nuestros vecinos, es interés común. La potenciación de nuestra propia red de ciudades es interés de todos. El crecimiento económico de nuestros vecinos y nuestra competencia con ellos por los mercados es también de interés común.
Exponemos por tanto un planteamiento de la regionalidad leonesa no tanto basada en unos lazos históricoculturales, que efectivamente existen, como en la manifestación última de los mismos que son los lazos económicos, los que más pueden impulsar al ciudadano de hoy al compromiso con su región y con su futuro común.
De esta manera hablar de Castilla y León o de León, Zamora y Salamanca nos parece un disparate sin apoyo social alguno, porque contra la evidencia no caben trucos o invenciones. Hablar de León como provincia es útil y manejable de cara a una planificación, pero también insuficiente, corto de miras y escaso para reconducir la situación económica comprometida que León atraviesa. Hablaremos en próximas entregas, para no alargar más un escrito que es de por sí demasiado extenso, de qué hemos llegado a concluir que es lo leonés y que límites territoriales tiene, así como sus implicaciones económicas de todo tipo, ignoradas hasta hoy por las administraciones públicas que nos tocó sufrir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)