miércoles, 6 de agosto de 2008

Cantabria y Castilla

Hace algunas semanas algunos medios de comunicación se hacían eco de la existencia de una asociación que pretende la integración de Cantabria en Castilla y León. Poco después aparecía la carta de uno de sus miembros apoyando la iniciativa. En ambas informaciones se venía a afirmar que un treinta por ciento de los cántabros desea abandonar la actual configuración autonómica para integrarse en Castilla y León; ello debido a que los resultados de la gestión autonómica uniprovincial son malos, según el criterio de los asociados, y a una pérdida de relevancia cántabra que achacan a la misma causa. Vista la noticia por ojos cautos, la cuestión podría reforzar los argumentos a favor de la autonomía multiprovincial. Lo cierto es que, para los que conocemos Cantabria profundamente y la frecuentamos, la noticia no pasa de anécdota. La conciencia de cantabridad en la provincia de Santander es tan fuerte y generalizada que una iniciativa de este tipo no deja de ser peregrina y carente de apoyo. El orgullo de los cántabros por lo propio se encuentra en un momento de clímax y, por lo tanto, el compromiso de esta gente con su tierra, nunca puesto a prueba hasta ahora, cabe esperar que sea alto. Por otra parte, Cantabria, que tiene la misma población que León y menos superficie, está gestionando presupuesto que rebasan largamente los ciento cincuenta mil millones de pesetas. Esa territorialización del gasto ha permitido construir el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, el Palacio de Festivales, la carretera de Liébana, la carretera de la costa, la rehabilitación de todas las cercas a los bordes de las carreteras, las mejoras del recinto palaciego de La Magdalena y otra infinidad de obras que han hecho de Cantabria el lugar más bello de la costa cantábrica española. La cultura montañesa es estudiada con mimo en multitud de publicaciones, subvencionadas por la Diputación Regional. Los niveles de renta, en ese tiempo, han ascendido de forma no comparable al resto de la castigada Cornisa Cantábrica. El lugar ocupado en la prensa por esa tierra en nada tiene que envidiar a cualquier otra cabecera autonómica. Cualquier comparación de los sucedido en Cantabria con lo transcurrido en León, réplica aproximada de esta autonomía en términos de población, es hiriente por lo desigual. Por último, la redistribución de la riqueza entre provincias en Andalucía, Castilla-La Mancha y Castilla y León es un fracaso sin paliativos comparado con el de las autonomías más pequeñas, como Cantabria. Queda, por lo tanto, una pregunta en el aire. ¿En qué se basa esta reivindicación tan sigular?

1 comentario:

Javier Magdaleno y + dijo...

totalmente de acuerdo

tanto tres provincias , como una

es preferible a 8+valladolid.

un saludo